
la cabeza a la heladera
exhumando la cena pasada,
la ropa y los libros.





no se que viste en mí:
poder hablar en plural,
vivir con lo que se es,
metro sesenta, cicatriz,
malas costumbres
reducir a otros hombres
a simples muestras
añicos o recuerdos,
para que las migajas
no sean minas...
y aún asi...

para la mogólica,
genéticamente diseñada:
ese jarrón de nimiedades
que su cuerpo significa.
y por lo que es ella
creada para encerrar,
mujeres de las que nace
mujeres a las que pare.

boca como extensión del sexo,
jurándole que no volveremos a incendiarla
de cristales opacos, de nosotros mismos.
a tomar sus pequeñas alas en su contra.
metiendo su cuerpecito dentro del nuestro,
saboreando la carne dulce y suave, gris y bella.
el sol entrando nos deja una mancha
vil o cósmica: testigo del infierno
y se retuerce temblorosa en nuestras manos.
y no notamos como finas plumas
caen llenándolo todo, tapando la miseria.


recibimos nada:
charcos de nada
de(s)gracias de todo
con delay, con fuerza
llantos también, de todos
una hora, una ciudad
sino el olor de esa esquina
de la mañana en once mirando
desde el taxi húmedo de miércoles
dosmilseis, año de mierda, como
dosmil razones para no dejarte nunca.
(“)
la mujer
no existe
(“)
nimiedades
como lista
de supermercado.
recordando que
de poética justo
se había cansado.
