15.11.14

Happy and real*







Hay una aplicación
para ver las estrellas:
sus nombres completos.
La dirección y su código
postal.

Hay una aplicación
para recordar las fechas.
El cumpleaños
de tu mamá.
(La última vez).

Hay una aplicación
para obligarme a ser
aplicada/apocada.
Darte de comer,
de coger.

Hay una aplicación
para todo lo que nunca hice bien.




Y por suerte aún conservo
mis errores,
la integridad.

*

19.7.14

Las aristas de Occidente

Foto: Gonseras

Hay muchas formas de decir lo mismo con otras palabras; muchas formas de decir nada. La más común por estos días de guerra es “esto es muy complejo, es un tema con muchas aristas…”.

Palestina lucha. Y no se entrega, a pesar de ser asediada, sitiada, bombardeada, negados los suministros básicos que garantizan los derechos universales desde más o menos la misma época en que se inventó el Estado de Israel.

Hay cierta devaluación (con mucha razón casi siempre) de lo que se denomina opinión. En estos tiempos de la información inmediata y descartable; del impacto por el impacto; de la superficialidad más banal. La tecnología no es una excusa para estar desinformado. Hay gente que se desinforma leyendo micro-notas, de supuestos medios periodísticos (que no chequea) en Facebook; gente que se desinforma mirando canales y leyendo diarios que representan los intereses de los poderes hegemónicos; gente que se desinforma no saliendo de su cómodo tupperware.

Palestina lucha. Es uno de los “culos del mundo” que resiste y no se entrega. A pesar de los poderosísimos intereses sostenidos por la industria massmediática e ideológica, toda la ingeniería psicopolítica de los países centrales, que los convierte en “los terroristas del mundo”… cuando todos sabemos quiénes son los verdaderos terroristas. Alcanza con sentarse un momento a recordar, quiénes somos, de dónde venimos, y qué nos está pasando: hoy, hace diez años; hace 20, 30, 50; hace 100, 500 años.

La opinión no siempre fue una mala palabra. Opinar es una de las cosas más saludables que pueda hacerse, cuando se tiene un estricto sentido común; y no un discurso pre-digerido por la industria. Cuando se está dispuesto a oír (no solo a escuchar), a replantearse las posturas y a tener un mínimo de empatía histórica. Lo que en otras palabras se llama tener una conciencia de sujeto político. La opinión es eso: es el piso común para construir una ética y una estética; una posición política en la vida y para la vida.

Palestina lucha. Con misiles caseros, con palos, con piedras y con palabras. También Iraq, Afganistán, Paquistán, Somalia, Yemen, a lista sigue… Y si, parece que son muchas aristas, ¿no?

Sustraerse de la opinión, es una forma más de estar del lado de los que nos vienen haciendo mierda durante siglos. El colonialismo en todas sus formas, una más terrorista que otra; mejor dicho: una más genocida que otra. Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Los eufemismos, además de encubrir, son otro de los articuladores de la violencia sistemática a la que estamos acostumbrados.

Hace varios días que no paro de acordarme (o no consigo olvidarme) de Fanon, y de aquel lúcido análisis sobre la identificación que generamos los oprimidos con nuestros opresores. Ese negro de mierda que se fue a la libre, igualitaria, fraterna y culpógena Francia a estudiar; y les metió el dedito en el ojo. Y dejó en evidencia toda la doble moral bien-pensante de los intelectuales revolucionarios de los países genocidas. Porque lo cierto es que ni siquiera quien le prologara “Los condenados de la tierra” pudo dejar de lado la moral paternalista cuando hubo que hablar de los desastres de la URSS para no desmoralizar a la clase obrera occidental (si Sartre).

Los que venimos de los “culos del mundo” no deberíamos tener que adoptar ni defender esa doble moral occidental. No les debemos nada en lo que a tradición respecta. Sería bueno que nos empecemos a amigar con esa idea. La culpa es judeo-cristiana, lo mismo que la inermidad, la inferioridad, la abyección: nos fueron implantadas en eso que se podría llamar proceso de subjetivación colonial.

Por ese mismo motivo tampoco deberíamos seguir usando la palabra resistir; ni empeñar años de esfuerzo en llenar de contenido positivo, potenciador ese concepto de mierda, que es todo lo contrario. Resistir se resiste la tentación, no jodamos. Ningún impulso erótico (en el sentido de la pulsión de vida) se resiste. La libertad no se resiste, el amor no se resiste, la palabra no se resiste, la dignidad y la soberanía no se resisten. Esas cosas se luchan, por esas cosas se lucha… y se da la vida de ser necesario. Lo que mueve a los pueblos es eros. Porque como dice Alfredo Grande: si se resiste a la vida es porque se nos encalleció el Ideal del Yo, y se nos armó flor de Superyó: represor occidental judeo-cristiano por excelencia. Ese Superyó que nos sostiene los mandatos patriarcales, genocidas, del silencio y la sumisión; articulador de la subjetividad del oprimido bien-pensante, civil e instruido.

Por eso decía que hay muchas maneras de decir lo mismo: nada. Y que la abstención en nombre de la mesura, en contra del sentido común, de la opinión, no son más que otra forma de repetir el cassette (el chip, disculpen) que nos metieron y ya se nos hizo carne.


Marx dijo que la vergüenza es un sentimiento revolucionario; se olvidó aclarar que esta afirmación solo es válida para los opresores, para ellos: la cuna de “la civilización”. No olvidemos, no perdonemos. Nunca.

11.5.14

Dulce Pallero | Cuatro Canciones

Foto | Marcelo Coglitore

Cuatro Canciones

Dulce Pallero: Voz
Omar Gómez: Bajo, Contrabajo, Bajo Fretless
Patricio Gómez Saavedra: Guitarra
Sonido y mezcla: Juan Martín Albariño

La Plata | 2014

4.5.14

Moby Dick


Mirar el mar que está dentro de tu ojo. Saber que no quepo ni allí ni en el océano porque soy pequeña. Y que mi humanidad no es la definición última de la inteligencia.
Sostener esa mirada que devela la maldad de mi modernidad positivista es lo que te hace invencible Moby Dick. Allí está tu verdadera fuerza… Tu tamaño colosal es la excusa histórica de quienes te narraron y sostuvieron el mito que encierra el verdadero relato de mi especie.
Vos, ahí impávido mirándome desde el agua. Eligiendo no hundir el pequeño catamarán en el que me encuentro en Península Valdes, ayer a mis ocho años; hoy sentada por horas leyendo para ser una persona más instruida y bien pensante, a costa de mi espalda y demás órganos internos.

Quiero dormir Moby Dick, la vigilia epistemológica es muy cara para mí. Y vos allí, reposando en toda esa agua oscura no me estas ayudando para nada. Porque me haces notar que todo lo que hago es en vano. Y eso Moby Dick, es más fuerte que tu mismísimo relato, porque es algo definitivo como la muerte a la que vos y yo estamos condenados.

20.4.14

Patagonia



te extraño,
como a esas cosas que no se conocen

: siempre igual.

2.4.14

Elba Ana Cisneros


Esta ciudad no huele
a tilos secando
sobre las veredas.
Huele a barro, a podrido.
A muerte fresca y nueva,
huele a olvido.

Yo nunca pensé en palabras.

Cómo se verá ahora mi casa.
La pava o el mate en la cocina.
No recuerdo el frío o el miedo
de aquella que fue mi vida.

Nunca supe de los que corrieron.
Empapadas sus ropas.
extraviados sus ojos de lágrimas:
lluvia y mugre. Es lo que fueron.

No los vi, ni me vieron
en el silencio de la noche.
En el silencio de la lluvia
trepándose a mi espalda:
eso sí que no se olvida.

Y aquellos que aún me sueñan
los que corrieron secos de espanto.
Que aún me esperan.
Que rompieron llantos
al amanecer y no recordaron
lo que tampoco.

Yo nunca me sentí cansada
hasta que no pude más.
Una no se deja tan facil, tanto.
La carne húmeda no hace ruido.
Se confunde en el tumulto
del agua trepando.

Y eso tampoco se recuerda.

Cómo se verá ahora mi casa.
Cómo mis cosas ahora,
que solo queda a los poetas


la marca del agua
.

Dulce Ma. Pallero | La Plata Spoon River (2014)

8.3.14

Ocho de marzo

Foto: Obra de Adriana Varejão



Aprender de otras mujeres para mirar nuestra propia feminidad. Que no es el cuerpo de la ciencia, ni el cuerpo de la cultura.

Que mujer no se nace, y eso se aprende con los años y las otras que nos vamos cruzando por la vida, que aunque no nos conozcan nos quieren cómplices de su rebeldía.

Ser mujer de encuentros y no de miedos o competencias; que eso nos fue impuesto, como tantas otras cosas.

Mujeres pequeñas, medianas, enormes. Fuertes o frágiles. Con y sin hijos. Que aman a otras mujeres, o a hombres, o a monstruos, o que no hacen diferencias. Con tetas y sin ellas. Con y sin pene. Mujeres de miradas descomunales y voces replicadoras. Mujeres cobardes. Mujeres que luchan. Mujeres que crean arte, artesanías, ciencia, magia, que educan. Que siembran, administran, crían animales e hijos propios o ajenos. Que curan con la palabra o sin ella. Que coordinan, que lideran, que solamente mandan. Mujeres que trabajan en cosas que ni sabemos que existen y descubren cosas que otros expropian.

Las noches y los días. Y los meses y los años están hechos de femineidades. Mujeres como todos los días, aunque a veces nos quede incomodo el traje de piel. Nos chingue acá, y acá también.

Dejar que nos deseen feliz día, no dejarlos. Entender, recordar, que muchos de ellos (muchos más que antes) nos agradecen y antes piden perdón por todo también. Dejarlos que se enfrenten a esto. Gritarles bien fuerte porque nos siguen matando y nos siguen torturando. Dejarlos que se enfrenten a esto también.

Mujeres  bellas todas, locas todas, libres todas. Si queremos, si podemos apostar a ello. Si nos comprometemos con nuestra historia, que no tiene mayúsculas, pero que pesa como el mundo. Mujeres si nos comprometemos para que sea posible. Para que seamos todas mujeres y no toda.

Hasta que nosotras podamos verdaderamente elegir, aunque los verbos sean imperfectos. Para que entonces los hombres y el Estado respeten. Y para que ninguna iglesia, ni dios, ni nadie se meta. Porque los verbos, nunca deberían ser indefinidos.

26.1.14




¿Cuál es la mejor canción de amor?

No encuentro la caja del romance.
Había una por alguna parte, la perdí
en algún lado entre el cuerpo y el desprecio.

Federicogarcía decía: -qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero…

¿Cuál es la mejor canción de amor?

Había un pequeño espacio que yo tenía
entre las palabras, para hablarte con cariño.
En algún lado entre el cuerpo y el miedo.

… Decía: -las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas. Decía cosas que importaban.

11.1.14

El otro Francisco


Durante el periodo de entre guerras, los Estados se valieron de las vanguardias futuristas, racionalistas, constructivistas, entre otras, para hacer énfasis semántico en el poderío; materializado en obras públicas y propagandísticas. Era necesaria la ratificación del poder, de que se mantenían en pie como las Grandes Naciones que eran. La República de Weimar, la Alemania Nazi y la Italia de Mussolini, la URSS de Stalin, son muy buenos ejemplos de ello.

En Argentina tuvimos a Salamone, el arquitecto de las políticas nacionalistas grandilocuentes: mataderos, municipalidades, cementerios, escuelas, plazas… edificaciones simbólicas e ideológicas de la arquitectura asociada al trabajo, el orden y la muerte. Matanza-Tributo-Descanso Eterno, como equivalente de la tríada italiana lavoro, ordine, eternitá.

Hay un efecto de humorada negra cuando se mira la obra de Salamone hoy. Es algo que trasciende a los motivos ideológico-estéticos del autor. Es un efecto de sentido propio de la obra de arte, en el contexto histórico en el que se la aprecia, y revaloriza: la argentina de principios del siglo siguiente.

Los pueblos que fueron soportes involuntarios de sus despliegues escénicos crecieron, pero aún así hoy quedan unos cuantos metros debajo de esos monstruos colosales, abismales, amenazantes. Que están allí, como los tótems: para ocultar y recordar lo que debió ser y permanece amenazado de por vida por fallido.

Hay una necesidad de añoralgia (dirían los Les Luthiers) sobre el “bueno e inocente interior de la Provincia”, con su vida cuasi silvestre, desembarazada de la corrupción de las grandes urbes porteñas. Salamone el Salamone de hoy se caga de risa de todo eso. Descorre el velo y nos muestra lo ominoso de una provincia que se construyó toda con inmensos derramamientos de sangre. Y nos lo recuerda en los tres íconos del Estado moderno: el matadero, el orden burocrático y el campo santo.

La megalomanía de su arquitectura nos enseña la belleza del monstruo: se muestra grandiosamente. Nos deja estupefactos y horrorizados de la obra del hombre, que supera a “la obra divina” y la amordaza poniéndole un pórtico de entrada donde lo colosal de los simbolismos cristianos sólo sirven para enfatizar que Dios es el Hombre.

El poder de la ironía, del humor en cualquiera de sus formas, es una de las discusiones filosóficas que más crímenes históricos carga en el prontuario del occidente civilizado. Salamone está ahí para recordárnoslo: en Azul (capital ideológico-estratégica de las FF.AA y la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana) con ese Arcángel grave y definitivo. En las ruinas de Epecuén y su matadero como una película buena de zombies (buena porque esta si asusta, esta si es real). En la Escuela Normal Nro. 1 de Balcarce. En la Municipalidad del pequeño y tranquilo Rauch.

La vuelta de algo familiar por haber sido parte del Proyecto de Nación que se tuvo, que nos formó en las escuelas del “mi mamá me mima/ yo amo a mi mamá”; de las ideologías represoras que configuran el entretejido de la hegemonía de nuestro “inocente interior”—, pero distorsionado, levemente corrido de lugar. Ahí, en esa devolución, está Salamone, cristalizando la maldad y devolviéndola impertérrito.

15.12.13

Derechos y Humanos. Policías revueltas argentinas


La seguridad sigue siendo un tema de la derecha. La izquierda se sostiene terca en emitir prejuicios morales o bien, llamarse al silencio con evasivas.

Hay muchos motivos por lo que deberíamos ponernos a discutir lo que pasó con las policías provinciales por estos días… lo que sigue pasando. Voy a tomar solo dos, ambos que dan cuenta de cuestiones estructurales de lo que considero es el motivo por el que soy de izquierda. Son dos al azar, no pretendo ser exhaustiva. Tampoco quiero que se piense que soy una excepción a la regla de la izquierda. Lo cierto es que esta coyuntura me tomó por sorpresa. Y como a muchos de mis compañeros, me dejó sin mucho que decir, porque me señaló (me recordó), el “impensado”.
Esperé. Me tomé el tiempo para pensar, para leer a otros que vienen laburando el tema desde hace años, que superan ampliamente la retórica vacía de Scioli y Massa y De Narvaez y De la Sota y Binner y Cristina; y por supuesto a la patética vulgarización, a la trágica y peligrosa mala caricaturización de ciertos sectores de la izquierda - partidaria y no- que nos dejan con la imagen del Jefe Gorgori[1] en la cabeza, cada vez que hablan de la ciertamente maldita policía.

El primer punto tiene que ver directamente con la posibilidad de pensarse concretamente construyendo y sosteniendo el poder por parte de la izquierda. No existe algo como una organización que no cuente con su propia seguridad. Un país no es la excepción ciertamente. Es de una puerilidad violenta escotomizar el problema.
La izquierda sabe de lo que hablo cuando digo la palabra “seguridad”. La tradición de izquierda revolucionaria de antes y de ahora, sabe claramente a qué me refiero. Y por supuesto es algo que dista de lo que se concibe como seguridad desde los gobiernos “democráticos” que este sistema representativo supo construir estos 30 años ininterrumpidos de vida… que no es muy diferente a lo que había antes en las épocas de mierda, y antes de esas, y antes de antes de aquellas. Pero que claramente se trata de personas que portan armas para la defensa de la integridad de quienes son parte de algo que merece la pena ser defendido, como sea.
Porque de la boca para afuera la izquierda lejos de la ingenuidad y con claro propósito provocador siempre supo declarar que las revoluciones no se hacen por las buenas; porque los que tienen actualmente el poder no están dispuestos a renunciar a él, y como “en tiempos de paz” tampoco tienen reparos en asesinarnos, menos lo tendrán cuando intentemos tomar lo que nos corresponde. ¡Pero de la lengua para adentro que quilombo se nos arma cuando de la policía hay que hablar! Hasta los países que no cuentan con FF.AA. como Costa Rica, tienen policía… ahora, ciertamente sus polis no se parecen en nada a los nuestros.

El segundo punto está relacionado con el concepto de trabajador (para hablar en términos duros de cierto marxismo) o con el concepto de persona, o de sujeto de derecho (que no significan lo mismo claramente, pero bien vale la aclaración)… y la posibilidad de que las personas puedan llevar adelante un cambio revolucionario a su forma de vivir y pensar la justicia social (para seguir utilizando términos relativamente neutros).
Me acuerdo de ciertas acaloradas discusiones que tenía hace diez años, cuando trataban de explicarme la justificación teleológica del “sujeto revolucionario” encarnado en el obrero de overol y casco. O del problema de la “conciencia-falsa conciencia” de la clase obrera. Todas nociones tanto abstractas como carentes de rigor histórico materialista que requieren.

Nadie niega que el mejor adjetivo calificativo que le cabe a las policías es el de malditas. A la vista de quien no quiera cerrar los ojos está el hecho de que son los responsables de todos los delitos complejos que se dan en el país: el secuestro, tortura, y desaparición de personas; el reclutamiento de jóvenes y niños en situaciones de alta vulnerabilidad para el robo; la trata de personas y la prostitución; el tráfico de drogas y armas… la lista es larga. Los casos muchísimos. Y todo en Democracia, en nuestra amada y cuidada con aterrorizado celo Democracia.
Son los encargados de reprimir a las personas que luchan por sostener su estatuto de persona; que declaran y reclaman ser reconocidos como sujetos de derecho, como ciudadanos; que estiman oportuno reivindicarse como trabajadores… o como quienes fueron privados de ese estatuto.

Yo pregunto cuál es el alcance de declarar que las fuerzas policiales no pertenecen al conjunto de los trabajadores. Y lo pregunto en serio. Cuál es el parámetro por el cual se declara y se afirma que las policías no están integradas por miles de trabajadores. Qué diferencias estructurales existen entre un policía y un trabajador de la salud. No es tramposo, lo digo en serio. Están a cargo de pilares fundamentales de cualquier Estado Nación que se precie de tal. Y ninguno puede abandonar sus funciones públicas, pase lo que pase; hay argumentos de toda clase para sustentar esta premisa que tiene estatuto de mandamiento divino; lo que no hay son revisiones, discusiones, preguntas que apunten a desnaturalizar estos hechos y sus alcances.
La diferencia inmediata y OBVIA entre unos y otros, es la que nos separa en las calles: son los polis lo que nos cagan a balazos (de goma y de los otros), los que nos gasean, los que se meten -aun cuando está estatuido que de ninguna manera corresponde- a nuestros Colegios, Facultades, Hospitales.
¿Alcanza eso para denigrar a quienes conforman las policías a un estatuto sub-humano en lo que a contexto histórico respecta? Porque si en nuestra realidad republicana consideramos que no son trabajadores; y no desoímos el análisis estructural que el materialismo dialéctico nos señala respecto a las fuerzas productivas, sabemos que automáticamente no solo los estamos desclasando, sino que además les estamos privando del acceso a cualquier derecho y por tanto estamos destruyendo eso que tan lindo suena, pero que no deja de ser cierto por más que lo gasten los mismos asesinos de siempre, que es la dignidad humana (que, por supuesto nada tiene que ver con la posibilidad de vender la fuerza de trabajo, claro está).
Creo que es oportuno recordar quiénes son los polis que visten y calzan en la Argentina de hoy. Esos que están en la calle paraditos o patrullando en algún móvil o en las tan simpáticas bicis. De dónde vienen, y por qué se unen a La Fuerza. Vienen de los mismos barrios de donde salen los chorros que ingresan en el sistema penal (y casi nunca al judicial) y porque es una salida laboral segura (del mismo modo que el que se mete en cualquier otro Ministerio de este país). Es una especie de lotería, pero más demacrada. Porque el básico de un poli de calle está muy por debajo de lo que gana un docente. No sé cómo quedó ahora con el aumento, pero no mejoró tanto en lo que a los fines del asalariado importa.
Esos tipos y minas de azul, que sostienen las organizaciones mafiosas más aceitadas de la Argentina: las policías, son los mismos a los que matan a tiros en la calle cuando el arma reglamentaria no anduvo, o los chalecos que compró el Ministerio eran de mala calidad y no cumplieron su función. Los que no pueden hacer otra cosa que acatar órdenes de un superior (sean cuales fueran), porque el régimen bajo el cual se encuentran es uno militar e in-humano. Y si, son los mismos que nos reprimen en las manifestaciones. Los mismos.
¿Es contradictorio? ¡Por supuesto! Estamos hablando de la vida real, de política. De disputa de agendas, de disputa de poder carajo.
¿Se acuerdan cuando León Arslanián quiso centralizar la bonaerense y ponerlas en manos de civiles? Casi todos (y por diversos motivos) nos cagamos de risa del proyecto. Los desconfiados de siempre, porque venía con esa boludez de las películas a querer solucionar a la maldita bonaerense con un escuadrón de “civiles bien”; otros por saber que ni en pedo le iba a durar el apoyo político necesario para desguazar a la maquinaria de matar que tan bien supo hacer crecer el forro de Duhalde.
¿Se acuerdan lo que pasó con esa gente civil que entró a monitorear a los canas de la Provincia? Les inventaron un sub escalafón al último que la policía tenía y los metieron dentro de las fuerzas, bajo el mismo régimen. Los precarizaron de la misma manera. Los atormentaron y denigraron. No tienen derechos. Son rehenes del Ministro y el capanga asignado de turno. Lo mismo que los otros polis. Porque estos también son polis, y a muchos de ellos se les pegaron los mismos modus operandi de sus negados compañeros de azul. Solo que están monitoreando alarmas o atendiendo teléfonos… y por supuesto (y dato no menos relevante) no pasaron por la Vucetich. La mayoría de ellos son universitarios. ¿No es cierto que se va complicando el análisis, no? Resulta que hay algo que se llama gris y que no es un único tono…
Muchas recriminaciones moralistas aparecieron estos últimos días “3000 para educar/ 9000 para reprimir”, chistes con pizza, comentarios que aventuran los motivos desleales de la protesta de los polis de calle haciendo homologaciones con el quilombo que inició todo esto en Córdoba… cuando en realidad no tenemos ni la más remota idea de qué fue lo que pasó, y mucho menos de los motivos que desencadenaron todo esto. Es más fácil la suspicacia que enfrentarse al desconocimiento, al incendio de papeles, de caracterizaciones. Es más fácil el “análisis” lineal, superficial… que enfrentarse a las grandes contradicciones del sistema republicano que supimos conseguir.
Porque seamos claros, la coyuntura cordobesa, y los hechos, distan aún en los trazos más gruesos con lo que pasó en el resto del país… Provincia de Buenos Aires no fue una excepción.

Yo no sé si se tienen que sindicalizar o no; no me considero autorizada para emitir opinión consistente al respecto. Pero ciertamente los reconozco como asalariados pauperizados estatales. Igual de resentidos, igual de denigrados, igual de empobrecidos que todos los demás. Pero con una gran diferencia: ellos portan armas y nosotros no. Es fácil encontrar chivos expiatorios a tener las pelotas/ ovarios de construir poder con las herramientas que se lograron en la lucha de estos años, para cambiar una de las tantas instituciones podridas que el “capitalismo democrático” aprendió a construir. La teleología (sea del signo que sea), siempre están alcance de la mano. Es fácil decir “se tiene que disolver la policía” porque son esencialmente corruptos, asesinos y todo ser humano que porte uniforme es igual de depravado que todos los que sí cometen crímenes gravísimos y de lesa humanidad. Es como decir que todos los médicos y enfermeros y psicólogos y trabajadores sociales que trabajan en manicomios son asesinos, cómplices de una de las instituciones que más delitos contra los derechos humanos ha cometido en la historia del “tratamiento” de la “locura”. Es como decir, muy suelto de cuerpo “se tienen que cerrar todos los manicomios ya”. Es de una irresponsabilidad política y una puerilidad ofensivas. Es el motivo por el que la derecha bien entendida consigue que las mayorías terminen desestimando a la izquierda y concibiéndonos como un grupúsculo de adolescentes pasados de hora, unos payasos sin vergüenza. 

El mundo de la verdadera marginalidad se nos escapa a nosotros, los bien pensantes de la izquierda revolucionaria, del progresismo, del moderado centro, de la conservadora y recalcitrante derecha. Como ya lo dijera Marcola en aquella entrevista que le hicieron en 2007: no tenemos ni la menor idea de lo que está pasando ahí afuera y seguimos haciendo como que nuestras categorías modernas nos alcanzan para discutir ciertas cosas. El mundo de la marginación capitalista nos está comiendo a todos… y hacemos como que no nos damos cuenta. Como que aún tenemos algo bajo control: una fábrica, una asamblea en un hospital o facultad, nuestras propias ideas…



[1] Personaje de Los Simpson.

27.11.13

crecer



la revolución de la boca
para afuera
se hace
de la lengua para

adentro

17.10.13

El problema de la lealtad


Ilustración: Paloma Pallero


Con mayúsculas, con devoción sin miramientos y sea como sea, o donde sea.

No se puede justificar la lealtad. Como tal exige incondicionalidad, como si la realidad fuese inmutable… porque más que metáfora, a la lealtad la sostiene una cruda metonimia. Y no importa de quién se trate. El punto es que de eso no se debe hablar, porque eso es.

Y así es como se defiende lo indefendible y hoy se lo elogia a Cabandie. Pero está bien, porque no cualquiera celebra el Día de la Lealtad. Por tanto bien se entiende de qué va el rito.


Y como dijo mi amigo Folegotto: feliz día de Perón y Evita, de Corach, Menem, Ruckauf, Cámpora, Néstor y Cristina, De Narváez, Estelita, López Rega, Duhalde (los dos), Feinmann (uno solo, el copado), Rucci, Firmenich, Rodriguez Saá (los dos), Aldo Rico (con uno alcanza), Jauretche, Bergoglio, Rodolfo Walsh, Cavallo, Vandor, Scalabrini Ortíz, Bauzá, María Julia, Alberto Kohan, W. Cooke, Bruera, Scioli…

14.10.13

la mejor...



miedo
como la mejor respuesta.
por única, por arbitraria

miedo
como la mejor coraza.
por solida, abrazadora

miedo
como la mejor compañía.
por consistente, por terca

miedo.
porque esta boca sea mía

15.9.13

Queridos Maestros


Hay cosas que uno no sabe cómo tomarlas. Digo: enojarse, cagarse de risa, ignorar una situación. Por eso elijo hablarles a los que sí me importan.

No soy docente, pero me gustaría serlo. Entiendo el espacio educativo como uno de los más importantes para una sociedad. Cualquiera sea.


Humildemente me esfuerzo por no naturalizar "la escuela", ni de forma peyorizada, ni de forma sacralizada. Estudio mucho y trabajo mucho dentro y fuera de ellas para entender un poco mejor todo esto.


El día del maestro ya pasó; el día del maestro es todos los días -a riesgo de que suene frase pelotuda- pero es así. Y este spot emitido por Nación, no tiene que importarles a los docentes. Lo digo como alumna, lo digo como futura colega, lo digo como militante. Les tiene que importar tres carajos, porque es solo agresión mal dirigida.


Haya sido con la peor de las leches, o producto de la profunda ignorancia política y falta de lectura de la realidad social e histórica de nuestro país. No tiene ninguna importancia.


A veces hay que ser literal. Es importante no interpretar a veces, para que la violencia no nos reviente en la cara y acto seguido tengamos que engullirla sin que nadie nos pregunte si tenemos ganas o no de comernos esa mierda otra vez.

Así que Docentes:
- "No sean tan serios": caguense de risa de este gobierno que no los valora, subviertan el orden establecido, enseñenos que la impostura es la única posición políticamente correcta frente a tanto desagravio, tanta violencia.


- "No sean amargos" (ortivas, gatos, caretas): los alumnos no necesitamos que nos prometan que esto va a ser mejor si nos esforzamos y aprendemos más. Digan la verdad, que es lo único que dignifica realmente. Acuerdense de Fannon cuando explicaba que la única manera de cambiar algo es que el oprimido no se identifique al opresor: porque es a ese al que hay que hacer mierda.


- "Sueltense un poco más": no permitan que los burócratas sindicales los caguen con las paritarias NUNCA MÁS. ¡Sueltensé! Salgan todos en malón, rompan todo, convenzan al resto de la sociedad que se suelte también. Ustedes son los que más atención reciben de padres y alumnos (aunque no lo crean, todavía es así, aún en las peores situaciones: por algo son blanco de la violencia social).


- "No se animan a nada": ¿Qué les pasa? ¿Qué están esperando? Vayan por todo, ustedes son los que tienen el poder, ustedes son los que facilitan y generan subjetividades.


- "¡Mas alegría maestros!": nunca olviden la enseñanza de los colectivos de diversidad de géneros, que algo saben de la violencia institucional, de la marginalidad. Hay que ser felices, no hay nada que desoriente y debilite más al enemigo. La felicidad genuina es la herramienta privilegiada para afirmar identidades de lucha.

Nos vemos en las calles.

14.9.13

Maldigo, Liliana


Hay un límite muy claro para el dolor. No es único, cada cual tiene el suyo; perfectamente claro y absoluto.

Se puede cantar como llorando, pero no se puede llorar mientras se canta. El llanto anula al canto, ese límite real quien haya intentado pasarlo, sabrá de lo que hablo: es imposible. Este, para mí, es un disco incantable.

Liliana Herrero eligió interpretar un repertorio muy orgánico. En todo sentido del término. No hay un solo tema de más y no solo eso, sino que está balanceado: en el momento justo en que todo te arrastra hacia el abismo, aparece un espacio donde el corazón puede descansar sin zozobrar. Pero los remansos no mienten con promesas de “final feliz”, ni una sola vez.

Este disco es como esas experiencias oníricas copiosas, abultadas… que si alguna certeza deja desde el comienzo, es que no terminaran cuando uno despierte; confirmando una de las verdades más temidas quizás: que el sueño es parte de la realidad.

Es orgánico entonces por ser programático, estética y políticamente: letra y música son una posición clara y firme; una respuesta a la realidad argentina, profundamente herida de amores, niñeces mutiladas, hambre y falta de reconocimiento de dignidades. Es furiosa la propuesta, pero sabe recopilar la verdad histórica, esa que no necesita indignación ni fucks you para ser mejor escuchada.

También es orgánico porque sale de las mismas entrañas, el fondo básico que solo encuentro (reencuentro) en muy pocos artistas. Y mientras lo escucho por segunda vez, desde el CD en esta oportunidad, solo puedo pensar en Clarice Lispector y “La pasión según G.H.”, en Adriana Varejão con su “Historia desde los márgenes”… o en Pessoa, aunque la racionalidad masculinizante le ate el estilo.

Ese límite donde la voz se rompe y no puede ser más canto, y la palabra ya nada narra, o el sonido deja a la música para ser “cosa” simple, pero nunca “pura”. En ese límite exacto se para Liliana y arma, junto a sus músicos, esta casa de espejos, donde quien se atreva latinoamericano podrá mirarse.

Hay algo de aterrorizante en todo este disco. Y estoy evitando usar adjetivos que rodeen esta idea por no resultar del todo amables en general. Pero lo cierto es que pesadilla es una buena palabra para ilustrar lo que siento, y me gustaría que, al menos por esta vez, dejara de tener su carga negativa habitual. Porque en definitiva: lo monstruoso/ solo es aquello que/ se muestra grandiosamente.

Dulce Ma. Pallero
La Plata, 14 de septiembre de 2013.

2.9.13

declaraciones imperfectas




Prometí no quejarme más (por hoy). Y sé que quizás no cumpla. Pero te amo tanto que quiero ser mejor: entonces prometí. Porque de eso se tratan las promesas… o al menos algunas como esta: desear cumplirlas; y no tanto cometer lo declarado.
Porque si no se anhela ser más querible para el otro - que no es cualquiera-, de qué sirve. No hay que resignarse a conseguir ser un poco más parecida a la belleza de esa risa tuya que rebota como gotitas de agua al sol en los azulejos del patio, cuando hace calor y las ventanas de toda la casa están abiertas… como tus ojos cuando me miran.
Prometí no quejarme más (por hoy) y quizás el tiempo esté a mi favor, y pueda yo cumplir esta promesa… tantas horas no le quedan al día. En una de esas cuando me acueste a tu lado esta noche, esté un poco más bonita que ayer.