5.8.22

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Despertar con una melodía en la cabeza y que toda tu mañana se encuentre ominosamente relacionada con esa canción: forma y contenido, contenido y forma; que no es la letra y la música, la música y la letra, porque así no funciona ningún texto. Porque casi todo lo que pasa puedo pensarlo como un texto. Escuchar, mientras espero un turno que se demora, un análisis sobre Hallelujah de Cohen: su progresión de acordes —cómo se sienten en el cuerpo los mayores, menores y disminuidos… como si algo de todo eso fuera natural— y la letra. Que antes y después de ese “recreo” me obliguen a pensar en el amor para mostrar posibles claves de lectura a la otra persona con la que se trabaja.

Odio que las cosas me persigan, odio que no tengamos una palabra en español para expresar que no es cualquier tipo de persecución… to be haunted es otra cosa —Ser perseguido es, definitivamente, más liviano—. No se siente como este agujereo constante a nivel ontológico que se presenta sobre todo con los silencios entre cada una de las cosas que se logran reconocer. Odio haberme resignado a que esto siempre será del mismo modo, que lo que se entiende como una maldición, no es más que aquellas cosas con las que se siente una atracción irresistible y que vuelve desde fuera como una inminencia acechante. Odio saber que en realidad esto que nombro como resignación en realidad sea parte de mi deseo, que este ceder a ello no implique solo ser doblegada, sino otorgar una parte de mí —mi voraz curiosidad— al mundo.

No siempre se trata de un qué, no siempre se lo puede disfrazar de tal cosa. Porque en esos momentos en los que consigo escuchar el silencio, entiendo con todo el cuerpo que se trata de un cómo ese cuánto aparece. Será por eso que todo pueda resumirse en ese esfuerzo imposible de dar caza a lo que insiste. Odio to be haunted por la misma cosa siempre, y eso me hace enojar como cuando tenía que estudiar a Freud hablando sobre la neurosis obsesiva. Solo que ahora estoy vieja y sé que la curiosidad no mata al gato, sino que —como nos enseña el ensayo de Schrödinger— se encuentra vivo y muerto al mismo tiempo, agujereando este pequeño espacio de la mente que llamamos el mundo, retornando desde fuera agitando lo más intimo e interior al mismo tiempo.


Ilustración: Alexandra Waliszewska

16.7.22

Confabulación

 

Ilustración: Aleksandra Waliszewska



A Alejandra Pizarnik

 

Desnuda soy en mi cuerpo

una muñeca de huesos de pájaro,

ciegamente mía.

A media noche me habían prometido

un silencio, pero tus ojos están más lejos

que el espacio lleno de gritos del poema,

pues yo escribiendo he perdido.

Cómo desearía matarte.

Sueño que escuchas cerca de ti

mi condenación, palabra por palabra

de este memorial fantasma.

Ya nada será tuyo, ni tu deseo,

un ir hacia no hay dónde,

toda la noche haciendo la noche.

Cómo desearía matarte.

Aprendo que estás más como un árbol,

por toda la noche huyo al suicidio del nacimiento,

y escribo cuchillo alzado en la oscuridad.

Horror de encontrarte en mis poemas y sus gritos,

cuando yo me había prometido al silencio.

Cómo desearía matarte.

 

Tu nombre es la enfermedad de todas las cosas.


14.6.22

MALAS LENGUAS*


Ilustración: Apollonia Sainticaire


Hola odiador@s compulsiv@s, fundamentalistas preventiv@s, obtus@s empedernid@s. En resumidas cuentas: representantes sin beneficio alguno del conservadurismo. Les vengo a hablar de algo que les rompe muchísimo las pelotas —a los portadores de dichas gónadas— o que les hiere algún lugar de su estética lingüística: el lenguaje inclusivo y el no binario. Que no, no son lo mismo.

Nuestro idioma, el español o castellano (acá díganle como gusten, porque según la gente que realmente sabe de esto, da lo mismo y como todo en lo que respecta a lenguas, no deja de ser posicionamiento político), es una lenga binaria. Y solo algunas palabras como: «esto», «ello», «eso», «lo», son neutras. El problema es que muchas palabras que señalan colectivos son masculinas, invisibilizando incluso las identidades de género femeninas, reforzando así el falso universal del sistema patriarcal. Pero no porque la lengua sea machista o patriarcal, sino porque el uso del lenguaje es político, y las estabilizaciones de las lenguas son actos políticos también.

Un buen modo de deshacernos de este problema es utilizar LENGUAJE INCLUSIVO, que ya contiene nuestra lengua, como por ejemplo el llamado desdoblamiento: nombrar forma masculina y femenina de las palabras. Pero esto no visibiliza a otras identidades no binarias. Así como tampoco lo hace la utilización del @, dado que solo incluye lo femenino y lo masculino —y que además tiene el problema es que no es posible pronunciarlo en voz alta—. En conclusión, ambas variantes no escapan al binarismo de nuestro idioma.

 

DIFERENCIA, la madre de todas las revoluciones. LENGUAJE NO BINARIO.

Arranquemos por hacer ciertas definiciones técnicas, teóricas y por supuesto políticas. No es lo mismo el género gramatical, el sistema sexo-genérico y la identidad de género (el género como identidad).

El género gramatical es una clasificación que tienen algunas lenguas para determinadas palabras como los sustantivos, adjetivos, y quizás lo que más notorio se hace en los pronombres personales referidos al sujeto.

El sistema sexo-genérico, es el concepto que visibiliza que lo que antes se entendía como una “diferencia biológica”, no deja de ser marco interpretativo cultural históricamente situado. Y no, con esto no estamos diciendo que el cuerpo no existe y solo somos significantes. Lo que se señala es que ni las expresiones cromosómicas, ni los dosajes hormonales, ni la expresión fenotípica (cómo se desarrollaran las genitalidades) dicen nada del supuesto “dimorfismo sexual” osea, la existencia de un binarismo sexual: hombre/ mujer. La prueba “biológica” más dura y evidente de que no hay solo dos sexos, es la existencia de las personas intersexuales: que presentan “discrepancia” entre su sexo cromosómico, su dosaje hormonal y/o su genitalidad.

Finalmente, la identidad de género, es algo que cada sujeto construye según su autopercepción, que no necesariamente se fija en algún marcador identitario de modo definitivo, y que puede corresponder o no a lo conocido como “femenino”, “masculino”, “trava/ trans” o no querer anclarse en algo, siendo así alguna de todas las formas que puede tomar lo “fluido” o “no binario”. Estas existencias no son un invento “progre” o de las feministas o una “ideología de género”. Existen y existieron desde la antigüedad comunidades que reconocen un tercer género o incluso identidades no ancladas a ningún género especifico en todas partes del mundo. Que en nuestra cultura occidental judeo-cristiana colonizada/ colonizadora, nos manejemos minorizando y constituyendo como anomalías, colectivos completos de personas, no tiene nada que ver con la “realidad objetiva” actual o histórica.

Y para estas personas de las que no se habla ni piensa, por los diferentes mecanismos de opresión del sistema cis-hetero patriarcal, el colonialismo y el capitalismo; es que se elige utilizar el llamado lenguaje neutro o no binario, señalado con la terminación -E, o la utilización de la X. El problema de esta última es que no es pronunciable por las personas ni por los dispositivos de lectura de pantalla que permiten accesibilidad a quienes, por algún motivo, no pueden leer. Es por eso que la terminación en -E está siendo la más operativa a nivel lingüístico. Y no, si se utiliza debidamente, no “deforma” el lenguaje. A lo sumo se tratará de un tema de acostumbrarse a cualquier cambio de nuestra legua. Imagínense que dejar «fermoso» para decir y escribir «hermoso» debe haber sido bastante chocante, también… pero el idioma no desapareció, acá seguimos les hablantes de esta variedad llena de préstamos lingüísticos, “deformaciones” y alteraciones que en algún momento se nominó castellano/ español.

Y ¿Cómo funciona entonces? Simple: se agrega un nuevo género

Femenino: ella (la hija) -A / Masculino: él (el hijo) -O / Neutro: elle (le hije) -E

El problema es que muchas veces género gramatical y género sociocultural no coinciden. Por ejemplo: «(la) persona». Gramaticalmente es una palabra de género femenino, pero socioculturalmente su género es neutro (es una palabra epicena). Por eso no se puede decir: «la persona es alte».

Pero en el caso de otras palabras epicenas, si utilizamos lenguaje no binario tenemos que decir, por ejemplo: «les artistas». Dado que es una palabra con género gramatical masculino, por tanto, invisibiliza identidades de género no binarias, allí es que nos servimos del tercer género.

En el caso de las palabras que tienen versión femenina y masculina: debemos pensar cuál es la raíz de dicha palabra. Por ejemplo: «actor» / «actriz» son palabras derivadas de «actoral», por tanto, la modificación se deduce de ello y tenemos la palabra «actore» para denominar personas no binarias que se dediquen a actuar.

Si no comparten raíz, como «madre» / «padre» o «nuera» / «yerno» … ahí hay que aplicar la creatividad: «xadre/s», o «adre/s». Aunque también nos queda el recurso del parafraseo, por ejemplo: «le novie de mi hija/o/e».

Para el lenguaje en traducciones o lenguaje formal, se utiliza lo que le lingüista Artemis López (@queerterpreter) denomina lenguaje no binario indirecto: evitar todas las manifestaciones de género eligiendo palabras epicenas o cambiando la estructura de la frase: expresiones como «¿Estás ansiosa?», por ejemplo, se reemplazan por «¿sentís/ siente ansiedad?». O también podemos utilizar las denominadas palabras epicenas: que tienen género gramatical, pero que incluyen otras identidades de género. Estas palabras pueden ser estrategia tanto del lenguaje inclusivo y del no binario. Pero OJO, porque pueden incluir algún género gramatical si están acompañadas por algún adjetivo o artículo marcado. Por ejemplo, para el no binario, se puede decir: «Mi aprendiz está feliz», pero no: «Mi aprendiz está contenta».

 

PARA FUNDAMENTALISTAS DE LA LEGALIDAD Y SUS PEROS

La ONU plantea que deben evitarse todas las formas del lenguaje que sean discriminatorias, visibilizar el género cuando la situación comunicativa lo amerita y no hacerlo cuando no lo exija.

En Argentina tenemos la Ley de Identidad de Género N° 26.743 que establece que el respeto a la identidad autopercibida de las personas es un derecho, a su libre desarrollo dentro de esa identidad y a ser tratada conforme a esta y en particular a ser identificada de este modo en los instrumentos que acreditan su identidad (y el lenguaje utilizado para referirse a esas personas no es una excepción). Y la Ley 26.485 para la Protección Integral, Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres. Ley que permite pensar cómo la violencia machista y patriarcal no es algo que solo padecemos las mujeres, sino todas aquellas identidades que son feminizadas: puestas en un lugar de inferioridad y que, por salirse de los lugares asignados dentro del sistema, pueden (y deben) ser violentadas para restituir el orden hegemónico. Y uno de los tipos de violencia que se emplea para ello es la violencia simbólica, cuyo vehículo principal es la lengua (el idioma) y los modos de nombrar o no hacerlo —porque las cosas si no se nombran, no existen—.

La RAE, tampoco se opone al uso del lenguaje no binario. En 2021, desde su cuenta oficial de Twitter, frente a una consulta sobre una traducción donde su texto original está utilizando el género neutro, publicaron que “son los traductores los que deben tomar las decisiones que consideren oportunas en cada caso”. Y en otra publicación sugería que se tratara a las personas no binarias como desearan y manifestaran ser tratadas.

Así que ya saben, esta discusión que lejos de ser un tema de lingüística abstracta (como si realmente tal cosa existiera), es un tema profundamente político. Porque como ya expresé en otra oportunidad, los errores no son gramaticales, acá se trata de errores de integridad (política). Y si bien es cierto que las palabras no están antes de los actos; las palabras se recortan de los sucesivos hechos históricos, hitos, para ser más específica; no creamos que las palabras no moldean cuerpos en acción.

La lengua tiene un uso, que es multívoco, equívoco, hasta en el nivel de análisis en el que esto se supone “está todo bajo control”: la semántica. Ya lo decía de Saussure hace un siglo, las cosas que uno habla se van corriendo de lugar: los significantes corren significados, o viceversa. Pero volvamos mejor al nivel pragmático del lenguaje. La pragmática, necesariamente es un terreno político. Aquí no estamos hablando de una mera sustitución de letras, es mucho más que eso: estamos hablando de reconocer la existencia de otras identidades que escapan al binarismo de nuestro idioma. Que ya vemos que no es natural a la lengua, sino que es como todas las cosas, el decantado de las construcciones que se fueron dando en las relaciones de poder. El androcentrismo, la visión machista y patriarcal, el capitalismo y el colonialismo. El error de integridad política se comente cuando en nombre la supuesta pureza del lenguaje, como si fuera algo inofensivo, cometemos violencia simbólica. Porque la lengua es una cuestión de género. Y muchos problemas se solucionarían si pudiéramos bancarnos que la lengua es más que un código abstractactamente pautado que se aprende en el proceso de devenir “humano”.

La lengua la hablan las personas, y las personas son históricas: están atravesadas por el lenguaje y las prácticas que lo producen y reproducen; y son sociales: ocupan un lugar en el sistema de producción y reproducción del capital, el colonialismo y el patriarcado; y son culturales: usan lo simbólico que se desprende de sus prácticas para reforzarlas o romperlas y correrse… correrse… correrse. No hay nada más trágico que una pretendida posición de inteligencia que solo encubre ignorancia y negacionismo. Cualquiera que sea hablante fluido del español rioplatense sabe cuándo el neutro está mal empleado o no. Por favor, basta.

 

*Esta nota está construida en base al video de Linguriosa, e intenta suplementar profundizando con otras herramientas lo que allí se plantea. Casi todos los ejemplos lingüísticos fueron extraídos de allí. Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=SBD26JpgPts

9.1.20

HP❤CRAFT


Me advertiste de la corriente
que se arma en tu escalera
―No sea que se te enfríe el pechito―
porque andaba desabrigada
de la noche anterior,
hiciste observaciones reconfortantes
sobre que no tendría que pescar
―No sea que te angusties un poco―
un taxi en la calle tenebrosa
a altas horas de la madrugada.
Te regalé el silencio sobrio
de una media sonrisa
que pasó desapercibida,
así como cuando no oíste
el sueño que te regale en la mañana:
―Un monstruo verde
con cara como de esas máscaras
feroces chinas, se descolgaba
del techo para atacarme
y yo lo recibía de brazos abiertos
presta a llenar las manos
con puñados de plumas
y carnes magras―,
así como no viste en mí a la mujer
pequeña de solerita con el comic
del Neonomicon de Burrows y Moore
bajo el brazo, caminando a las 7 por 71
yendo a tomar el TALP mientras pensaba
en la escena de Men In Black donde
―entre tanto esperpento del bajo―
la única figurita acribillada
era la niña que cargaba los libros
de física y matemáticas.

19.11.19

La épica del vengador


Fui a ver The Jocker hace poco pero hace un tiempo ya. Muchas cosas se han dicho ya de esta película, pero me gustaría poder compartir algunas ideas que me quedaron resonando. Voy a empezar por destacar lo más obvio, pero no menos importante:

Me gustó la actuación descomunal de Joaquin Phoenix, la dirección de cámara, la fotografía, la música, el guion (es una historia bien narrada). Como película, como objeto estético es impecable. Creo que es la primera vez que me pasa que dejo de leer los subtítulos y me dedico a escuchar porque necesito imperiosamente no perder un solo detalle de lo que se está narrando visualmente lo que me llevó a notar una mala traducción en un momento crucial de la película, que más adelante retomaré.
Sin embargo, y a diferencia de muchas personas, no conseguí identificarme con el personaje. No me entristeció su historia, no me éxito que se convirtiera en el "héroe" de los pobres despreciados y violentados por la burguesía de Gotham City. No pude reírme con ninguno de los chistes negrísimos y guiños bizarros de la película (que son muy buenos todos). Me acompañó más bien una sensación de mucho malestar durante toda la película y bastante tiempo después.
Lo que sí me dio mucha tristeza fue la representación de la sociedad estadounidense que allí se ofrece. Una sociedad que solo puede pensar el despertar de una revuelta social inspirada por un "héroe". Y ojo, aquí uso el término en el sentido de la individualidad carismática con quien las masas pueden identificarse. No se trata tanto de qué tipo de valores son los que se portan, sino la forma de interpelar al resto. Un tipo que decide hacer carne el estigma social y cultural de ser pobre y loco, y sacrificarse en el mismo acto de su venganza. Porque a diferencia de lo que en otras críticas leí, el Jocker no es un psicópata, el Jocker nunca pierde la empatía por los demás: ni por su madre, ni por los demás miserables… incluso aquellos que lo violentaron y lo volverían a hacer. Todo lo que realiza lo hace desde el dolor profundo y defensa maníaca a todo eso que lo está aniquilando, nunca deja de obedecer a quienes le dijeron durante toda su vida que su existencia no tiene ninguna razón de ser, que para lo único que sirve es para ser desechado como la mierda que es. Y ese es el final imaginado por el personaje, solo que hasta eso le sale mal.
El Jocker no es un misógino, ni un psicópata. Es un tipo que pergeña una performance que está a medio camino de una sublimación artística, cuando se venga en vivo y en directo de su figura paterna idealizada. Elige no volarse los sesos, sino devolver todo el odio de modo casi metafórico plasmado en esa frase registrada en su cuaderno mugriento, y mal traducida por los subtítulos: “lo malo de tener una enfermedad mental es que la gente hace como que no”. Sabe perfectamente que su destino es el encierro, y en un punto pareciera que es un alivio para él. Su destino final es encontrar un lugar que finalmente lo aloje, como deshecho social, como eso abyecto que debe ser confinado y eternamente estigmatizado.
Pero volviendo a la figura del “héroe”… Oprimidos habemos en todos los países, incluso en los que son potencias mundiales como Estados Unidos: Grandes Naciones que subsisten a costa del hambre y la miseria de miles de sus propios pobladorxs. Personas con cuerpos singulares e históricos profundamente marcados por las violencias, que sin embargo no consiguen empalizar con el resto de los miles de millones del continente y de otras partes del mundo, que sufren a raíz de las políticas internacionales de sus gobiernos.
No pensaba escribir nada sobre esta película en realidad, pero hace unos días me topé con la foto del joven chileno que perdió los ojos después de haber sido brutalmente torturado por los pacos hijos de la mismísima mierda de Piñera y sentí que no pude más. Sentí que no soporto tanta crueldad y la imposibilidad de construir como sociedades nuestros propios cánones de belleza revolucionaria cuando están allí hace décadas, y en cambio quedamos enganchados del horror que nuestros opresores nos enseñan.
¿Por qué se celebra al Jocker, cuando tenemos miles de personas que se acuerpan en colectividades potentes, que no solo combaten la crueldad infinita de los Estados genocidas, racistas y colonialistas; sino que crean sus propios íconos y símbolos, que a su vez son tomados por otras partes del mundo? ¿Por qué seguimos consumiendo la erótica bárbara de los individualismos patologizados? ¿Por qué insitimos con el romanticismo patriarcal del imperio, cuando tenemos la potencia de los feminismos y las mariconadas, marrones, negras, sudacas?
No estoy en contra de The Jocker. Siento que en algún sentido no es más que la versión de Taxi Driver o American Psycho del siglo XXI. Es que no puedo dejar de pensar en todas las fotos que nos muestran otras estéticas, otras éticas… otras eróticas de la insurrección revolucionaria, desde Palestina hasta Chile. Desde Abya Yala, hasta Kurdistán.



17.2.19

Relaciones tóxicas. Cuestionamientos tóxicos. Feminismos y revolución de los afectos.


Fragmento de un cuadro de Adriana Varejão

Hasta donde tengo entendido, el ya popular término “relación tóxica” proviene de cierta perspectiva sobre lo vincular que habla de la “mala gestión” de los afectos donde una de las partes se encuentra en clara asimetría con la otra, percibe con mayor o menor intensidad el malestar que le provoca el vínculo y paulatinamente ve mermadas sus capacidades autogestivas en las esferas de la voluntad, los afectos y el pensamiento. Puntualmente es un término que se utiliza para describir patrones vinculares lesivos en relaciones sexo afectivas de pareja y que se extiende a otros vínculos tales como la amistad o relaciones sociales en el entorno laboral. Este término se deslizó a ciertos desarrollos en torno a estas temáticas desde una mirada crítica donde lo que se trata de visibilizar la reproducción de ciertos patrones patriarcales y macro o micro machismos, cuando el “tóxico” de la pareja es el varón.

Es importante aclarar aquí algo que a esta altura puede resultar una cuestión de Perogrullo, pero que en el terreno de la política de los afectos y de la clínica para quienes nos dedicamos a la salud mental- nos lleva a terrenos pantanosos si no se distingue adecuadamente. No es lo mismo Patriarcado que machismo.

Desde los feminismos podemos entender al Patriarcado como la afirmación de la hegemonía masculina refiriendo concretamente a una situación de dominación y explotación de las mujeres e identidades feminizadas (niñxs, lesbianas, travestis y trans y varones no hegemónicos) que se basa en la firme creencia de la superioridad natural de los varones en las esferas de lo público, construyéndose así una sociedad androcéntrica, cis heteronormada y donde este poder necesita reactualizarse constantemente en y a través de la violencia.

El machismo, en cambio, es la política efectuada por acción u omisión para sostener las desigualdades estructurales que hacen del sistema patriarcal la matriz de las relaciones de poder en nuestras sociedades. El machismo puede ser una política concientemente llevada adelante o no. Y no es exclusiva de quienes son codificados como varones hegemónicos dentro de las sociedades.

A veces los varones heterosexuales también hablan de “relaciones tóxicas” a la hora de describir los conflictos más o menos violentos que tienen en ciertos vínculos con mujeres que en general son sus parejas (mantienen relaciones sexo afectivas). Esto se puede dar por dos motivos: el primero (el más frecuente) es porque se encuentran en una relación donde la mujer le cuestiona sus privilegios “a cada paso”. Es entonces cuando los oímos esgrimir argumentos de no implicación en la problemática o eximición de las responsabilidades desde el discurso de la importancia del “buen trato” o “trato amable para marcar las cosas”, reclamándole a la mujer que asuma un papel docente con él (posición pedagógica de las feministas). Aquí es donde podemos pensar esto de lo “tóxicos” que pueden ser los cuestionamientos para los varones que no desean ser visibilizados en el ejercicio de sus privilegios.

El segundo caso menos frecuente, pero existente también-, es que existen varones que se encuentran en una relación violenta con una mujer que en ocasiones se sirve de discursos en apariencia feministas para abusar simbólica y psicológicamente de ellos. No sé si amerita hacer una ampliación sobre este tema, pero como aclaración diré que las llamadas personalidades narcisistas, psicopáticas e incluso perversas no son exclusivas de los varones, y los mecanismos de manipulación, coerción, inoculación de culpa, entre otros, pueden servirse de cualquier discurso… hasta de los más revolucionarios. O incluso aventurarme y decir que así como no todos los varones violentos son enfermos, aunque todos sí hijos sanos del Patriarcado; hay mujeres que no están enfermas y son sanas hijas del Patriarcado.

En cualquiera de los dos casos, es muy importante el concepto “apropiación del discurso” como mecanismo que el patriarcado y el capitalismo tienen para reabsorber dentro del sistema todo aquello disruptivo y potencialmente desarticulador. Y aquí es donde quiero poder problematizar la noción de "relación tóxica". Algo tóxico es un agente extraño que invade y corrompe por contacto casual, o por ser inoculado por un tercer agente. Por ello considero que es necesario cuestionar el concepto “relación(es) tóxicas”, primero porque quita agencia a las partes e inventa un tercer elemento (el tóxico) que está por fuera de la historia y no responde a las relaciones humanas en sí.

El discurso que se construye desde los feminismos y los desarrollos queer, tiene la potencia de cuestionarlo todo. Literalmente todo. Tiene el valor de revolucionarnos desde lo más profundo que es lo personal y convertir la política en virtualidades hasta ese momento (este momento) inexistentes. Y requiere, necesariamente, arrancar del plano de la naturaleza todo aquello que responde a lo humano y las características que ello implica. Sobre todo a la variable nunca desestimable que implica el ejercicio del poder hegemónico de una clase sobre otras. Esto que ocurre cuando se oculta el contrato sexual –división entre lo público y lo privado- (Pateman, 1988) detrás del que se instituye como el primer derecho del pacto social: la propiedad privada. Así como también nos debe interpelar para poder pesar que la categoría “género” debe ser deslindada de todo lastre que la reduzca a una mera cuestión de “identidad” o “roles”, ya que hay una heterogeneidad interna que debe articularse necesariamente con la etnia, la clase, la edad, la orientación sexual... En resumidas cuentas, deshacernos de los procesos de naturalización que se dan con este concepto y que le restan fuerza como categoría de análisis (Bonder, 1999).

Pero mi interés esta vez no son las digresiones teórico-filosóficas, sino poder plantear a las compañeras heterosexuales desde dónde pienso yo el desafío en las políticas del amor que nos toca diseñar y sostener. Frente a la necesidad de no retroceder frente a los mandatos patriarcales, poder discernir adecuadamente entre los machismos de alta, media y baja intensidad, y al mismo tiempo tratar de construir desde el amor no patriarcal. Pareciera una empresa imposible ¿verdad?

Cada vez más se esparce como reguero de pólvora una política de tolerancia cero con los varones (cis) herterosexuales. No dejarles pasar una es la consigna. Estoy de acuerdo con esta política, aun cuando el precio sea el peor de los exilios. Pero también sobre esta ola aparecen críticas a algunas compañeras que plantean que “no hay que relacionarse a través del conflicto”, como contraargumentación a la pregunta “¿cómo te vas a relacionar si no es a través del conflicto con un compañero que se ofende y te dice ‘tóxica’ porque le cuestionas sus privilegios?”. Entiendo que esta pregunta emerge de las reflexiones donde se visibiliza a la violencia como única herramienta para cuestionar los mecanismos de estigmatización y silenciamiento sistemáticos del Patriarcado. El viejo argumento de: el fuego con fuego se detiene.

Creo aquí que esta línea de razonamiento puede que encierre una trampa. ¿De verdad la única forma de construir una contrahegemonía es dentro de las lógicas que sostienen y dan forma al patriarcado como sistema? Y no estoy hablando de una salida hippie o pacifista, negacionista de los conflictos, donde maniacamente se sostenga que con amor todo se soluciona.

Justamente de amor se trata, y el amor no es un afecto más especial que otros, no es más que una de las tantas propuestas vinculares que la humanidad ha logrado desarrollar. Lo que sí me interesa resaltar es justamente esto: la forma de encarar la vincularidad ¿será mediante alguna forma de asimetría? ¿No podemos acaso plantearnos un programa político que implique un pacto moral colectivo? (Maffía).

A la pregunta “¿cómo te vas a relacionar si no es a través del conflicto con un compañero que se ofende y te dice ‘tóxica’ porque le cuestionas sus privilegios?”, yo repreguntaría: ¿por qué querría relacionarme con un varón que se ofende porque señalo sus privilegios y cómo los ejercita impunemente, sometiéndome a mí afectiva y físicamente?, ¿por qué debería llamar ‘compañero’ a un varón que me posiciona nuevamente en la dialéctica más patriarcal de todas: la del amo y el esclavo, y me empuja a desear ser la Santa Inquisición del machirulaje?

Yo aquí es donde me abstengo, como Bartleby, y me sostengo en la política de “I would prefer not to” (preferiría no hacerlo). ¿Me va mejor acaso? De ninguna manera. Pero si de algo estoy segura, es que no voy a permitir que todas aquellas que fueron quemadas en hogueras y asesinadas de maneras cruentas para que yo hoy esté acá sean mi excusa para identificarme en los métodos con nuestro opresor. Me sostengo en la enseñanza de Susy Shock y repito todos los días: Yo, no quiero ser parte de esa humanidad.

24.12.18

Diciembre


Informes veraces de cómo, en 1551, cinco soles fueron vistos en Leipzig por muchas personas de confianza.



Tenés nombre de arcángel y significa "Fuego de Dios", fuiste nombrado como el ángel de la luz de las estrellas; eso dice Wikipedia. Alto nombre te puso tu vieja amigo, la verdad... Yo no sé por qué les pinta el misticismo a algunas madres, posta.


Parece que la tuya es muy devota, no para de mandarme cadenas al whatsapp sobre bendiciones y la virgen y no sé qué cosas. No la entiendo la verdad, preferiría que su piedad no fuera tan selectiva de las redes sociales y nada más... Trato de no pensar mucho en esto, pero cuando te veo a vos y a tu hermano se me hace muy difícil entender qué mierda pasa con ella.

Tenés una cara hermosa y un dios aparte... yo creo que porque te nombraron como el arcángel y eso te hace un poco a prueba de balas... o de camiones. Igual esto ni en pedo te lo digo porque lo único que me falta es que te hagas aficionado a cabecear el pavimento, o cosas peores.


Te armé un sobre con regalos de navidad. Todas cosas que fueron mías y que ahora quiero que tengas. Me gustaría decirte que el mundo puede ser un mejor lugar para vos. Me gustaría decirte que yo podría cuidarte en serio, mostrarte iluminaciones medievales y pinturas del siglo XVI y XVII que hablan sobre tu nombre y otras cosas bíblicas re flasheras. Me gustaría mostrarte la fotografía del siglo XX que tanto me apasiona, invitarte a que leas algunos libros que tengo y que capaz te gustarían. Contarte cosas que pienso y escuchar todo lo que pensas y te gustaría hacer.


Me gustaría poder decirte de verdad que el mundo podría ser un lugar que realmente te aloje. A veces me dan muchas ganas de hacerlo. Pero como no puedo, elijo llenar un sobre con una postal de Península de Valdez, un par de fotos que me gustan mucho y un anillo que usé muchos años y ahora quiero que lo tengas.


Feliz Navidad Uriel.

17.12.18

¿Por qué los pibes siguen viniendo?

Esa pregunta me quedó clavada en el cerebro y el corazón éste 2018. Este año, en esta pregunta cristalizó todo el odio de clase, la falta de empatía y el cuento del enemigo interno. Esa pregunta me dio de lleno en la cara y golpeó como rayo en el cuerpo de mis compañerxs. Y esta vez tuvimos que aceptar que también en nosotros cayó su estigma. El problema queda estaqueado, sin complejidad ni movimiento en una sola pregunta: por qué siguen viniendo. –No el hambre, la violencia, el consumo problemático-. Nadie se da cuenta cómo se reproduce la falta de valor que tienen esas vidas tan jóvenes cuando simplemente se pregunta una y otra vez, con suspicacia conspirativa, por qué siguen viniendo.

Este año tuve la oportunidad de asistir a cómo se construyen las subjetividades delincuentes. Cómo un puñado de adultxs inventaba monstruos nuevos donde antes sólo había habido niños pobres. Cómo se reproducían cuentos sobre niños armados y amenazantes. Cómo pibes cuya inscripción es de trabajador (cartonero) eran tildados de pibes chorros sin más. Cómo todo ese odio que se les iba administrando por acciones u omisiones rápidamente se transformaba en una respuesta reaccionaria por parte de ellos. Cómo comenzaban a ser desde este lugar en el que se los alojaba. Porque ser odiado solo te deja el lugar de estar odiado, y odiar un poco más cada vez. Este año fui testigo de cómo opera el mecanismo de la deshumanización hasta en mi propio cuerpo. Porque de otra forma no es posible dejar a merced la integridad de otra persona a manos de alguien que tiene el poder real de dañar. Eso que ya había visto una y otra vez en el cuerpo de los pibes desde antes me tocó a mí y a mis compañerxs. Saberse odiado, y estar odiado. No querer ni saludar a quienes les ofreciste la mano y te la mordieron de la manera más cruel. Porque el problema de ser adulta, de ejercer ese rol responsablemente, es que te deja sin la posibilidad de llamar a estxs traidorxs a tener una buena pelea mano a mano… o cagarlos bien a piedrazos –dos cosas que encantada de la vida habría hecho más de una vez-. Porque acá no se trata de ganar o perder, se trata de recuperar como sea el estatuto de ser humano.

A veces me pregunto si realmente me creerían cómo niños que sí salen de caño son capaces de decirme cosas como “Mirá todas esas canas, te estás poniendo viejita… voy a tener que cuidarte” mientras, postrados en terapia intermedia, me acarician el mechón de rulos blanco que tengo adelante; o me piden videos de mis plantas y mis gatos para pasar las horas interminables del hospital. O me dicen después de un fin de semana en el que se la pasaron persiguiendo a una muerte que les escapa espantada-, con los ojos llenos de lágrimas que ya no les importa nada de nada. O cómo aparecen en un cierre de taller en que no participaron porque no son del barrio y ya no son los niños que eran en 2015 y ahora están en otra; pero se acercan a saludar y te llaman por tu nombre y preguntan entre ansiosos y desafiantes si sabes quiénes son. Y tenés que hacer fuerza para que no se te caiga el alma de amor y otras cosas, porque los ves con sus caras tan cambiadas pero con la misa sonrisa hermosa y esa llama en los ojos, y agradeces que estén vivos y te recuerden y te quieran. Y les contestas: “Claro que sí, borrego, cómo me voy a olvidar de vos… ¿Se quedan?”. A veces me pregunto si realmente alguna de esas personas me creería al menos la mitad de las cosas que guardo en mi memoria. 

Por qué siguen viniendo, por qué siguen existiendo, por qué esas mujeres insisten en tener hijxs, por qué no se mueren y ya. Por qué no se puede tener mano dura con ellos si no nos respetan ni a nosotros ni a nuestras instituciones y nos ponen en riesgo físico… Por qué no dejan de recordarnos que esta humanidad así ya no da más. Yo quisiera ensayar a modo de contestación otra pregunta, ya que ese es mi verdadero y único oficio, preguntar: ¿Es posible creer en la ternura ajena cuando no se ejerce la propia?

Cuando se mira en serio el dolor ajeno es muy difícil no asumir la parte de ello que nos toca. ¡Por qué dejarían de seguir viniendo! ¿Desde cuándo nos creímos que las infancias que no acatan nuestros términos no merecen el derecho de existir en los propios? Por qué lo que no se ajusta a nuestros gustos y preferencias debe ser borrado sin más de la humanidad, reducido al mote de delincuente, drogadicto, violento, digno de ser torturado por las fuerzas policiales, el sistema judicial y un sistema de promoción y protección que lejos de garantizarles sus derechos les recuerda que no hay nada allí para protegerlos; que la salida es aceptar sin más la violencia social de la que vienen, las balas que ofrece la policía o el chaleco químico de alguna “granja de rehabilitación” si es que hay un lugar para ellos.

¿Es posible creer en la ternura ajena cuando no se ejerce la propia? La ternura demanda ecuanimidad, no discriminación, inclusividad: nada de esto que pasa es: o nuestro problema, o problema ajeno. Todo esto que nos pasa es tema nuestro, de todxs los que somos tocados por ello. La compasión poco tiene que ver con la noción judeo-cristiana tan popularizada, con-pasión aquí implica necesariamente reconocer el dolor de nuestro propio cuerpo y diseñar las estrategias para sanarlo. –Y por cuerpo entiéndase desde ese pedazo de carne y fluidos que movemos, pasando por nuestros sentimientos y el pedazo de historia que nos permite decir “Yo”-. Para luego poder saber escuchar a lxs demás y promover algo tan caro y escaso por estas épocas: la benevolencia y la alegría del encuentro. La benevolencia y alegría de ofrecerse a otrxs para construir un futuro posible en el que entremos todxs.

Quisiera poder mostrarles las caras de estxs pibxs de los que todos huyen despavoridos cuando se les acercan. Sus cuerpos hermosos y jóvenes, maquillados. Sus amplias sonrisas y sus miradas de amor por la música y todo lo que les ofrecemos y fueron construyendo. El orgullo de vestir las levitas que una de nuestras compañeras se mató cosiendo en tiempo record. Quisiera realmente poder mostrarles los retratos preciosos que otra de las compañeras realizó, y explicarles así por qué no podemos seguir siendo parte de esta humanidad. Quisiera poder hacer todo eso y más, sin que ello implicara exponerlos porque este mundo es un lugar siniestro y yo no puedo confiar. Pero como no soy quién para rendirme elijo –en vez de mostrarles un pilón y medio de cosas hermosas-, escribir este texto y recordarles TODO LO QUE SE ESTÁN PERDIENDO.



4.11.18

Mi secreto






Tengo que confesar un secreto. Algo que aún no defino si me horroriza o me avergüenza. No, no se trata de mi sentimiento de total desajuste en tiempo y espacio que me acompaña casi siempre y que a veces se transforma en la idea de que jamás se me reconocerá por ninguno de mis buenos méritos… Esto es algo mucho más menor, y por alguna razón mucho más estragante.

Estoy sincronizada con mi vecina, una mujer horrible por los niveles de crueldad, egoísmo y falta de empatía que acumula en esos escasos centímetros cúbicos que ocupa. Yo no soy alta, más bien todo lo contrario… y su estatura es menor a la mía, así que pueden ir sacando sus conclusiones. Estoy sincronizada con mi vecina, la mujer horrible que me alquila la casa en la que vivo, cuyo hijo no puede dejar de mirar hacia dentro de mi casa cada vez que baja la escalera rumbo a la calle.

Estoy sincronizada con la mujer horrible que vive en el primer piso de una casa hermosa que se está viniendo abajo silenciosamente tapizada de moho y siniestras mariposas diminutas y aterciopeladas gris azules que se multiplican y en vano intento mantener a raya con veneno diseñado para seres de mayor envergadura y milenaria resistencia.

Mi secreto del horror y la vergüenza es que estoy sincronizada con esa mujer de espanto de una manera tan justa que me da miedo. No importa de qué hora del día se trate, cada vez que voy al baño a hacer caca, en el preciso instante en que yo aprieto el botón para descargar mi inodoro escucho cómo hace lo propio la mochila de su baño. Y el agua corre ominosa a mi costado, desde arriba de mi cabeza –cual catarata-, baja a la altura de mi oreja derecha hasta el hombro, el brazo, codo, cadera y se sumerge en el piso de mi baño por ese caño de más de cincuenta años que se encuentra, cual columna estoica en esa esquina donde de vez en cuando me siento…

9.8.18

Abortando con furia alegre al patriarcado


Muchas de nosotras fuimos paridas en una época en la que no se nos hablaba de qué representaba hacer historia en vivo y en directo. No porque no ocurriera, sino porque el discurso del terror y la represión desató los nudos de la organización, de la lucha y de la resistencia que en nuestro continente fue marca registrada desde que la historia se llama historia y desde antes de eso también. Éramos miles ayer en las calles. Y no solo en las inmediaciones de Congreso en CABA. Hubo vigilias a lo largo y a lo ancho de todo el país. Y el Pañuelazo Mundial será un hecho que quedará en la historia de los feminismos, así como nuestro ya internacional Ni Una Menos. No hay forma de tapar esta marea feminista que ya cobra escala de tsunami mundial. No habrá cuadros cerrados que disimulen lo cortos o lo largos que se quedan en sus pobres construcciones de relato. Lo bueno del siglo XXI es que los registros fotográficos y fílmicos nos develan rápidamente las operaciones mediáticas que se estudian en los manuales de comunicación del siglo XX.

Y junto con "la máquina de fabricar discursos" el siglo XX también nos legó los feminismos que nos enseñan a bordar y a tejer como nos cantan desde el jardín de infantes… aunque para salir a luchar en las calles. Heredamos – pero no por don divino sino con luchas mediante-, los feminismos que nos enseñan a sostener entre los hilos las memorias y las políticas de miles de mujeres que están luchando ahora en nosotras por los mismos derechos que siempre nos negaron. Y por suerte ahora estamos juntas con nuestras abuelas, madres, hermanas, hijas... Estamos juntas y hermanadas, estamos juntas porque seguimos buscando juntarnos, porque sabemos que juntas somos imposibles de gobernar por nadie que no seamos nosotras mismas: ni patrón, ni estado patriarcal clerical. Y ya no solo las mujeres nos juntamos: también estamos queriendo estar juntas con las tortas y las travas y las trans… entendimos que el nosotras tiene que ser cada vez más amplio. Porque ahora nuestras referencias más lúcidas son voces travas, que saben muy bien de la intemperie, y enseñan el valor revolucionario de ser felices y de la fiesta furiosa que es el arma de resistencia y lucha más poderosa. Porque los trans-feminismos hacen estragos y en este nuevo siglo lo vamos a poder ver por internet en vivo y en directo: justo como anoche, y cada vez más seguido porque el patriarcado se va a caer. Lo vamos a tirar todes juntes.

Y si hay algo que no puede pararse ya, es esta marea verde que desbordó el vetusto Senado de la Nación todo el día de ayer desde las 9 de la mañana hasta pasadas las 3 del día de hoy. Porque mientras los hijos del Opus Dei llenaron de vallas para no escuchar el rugido del tsunami, nosotras en las calles cantamos, bailamos, reconocimos a las luchadoras de las provincias del interior. Recordamos a las compañeras que ya no están. Gritamos por el aborto legal en un Pañuelazo sincronizado para y por todo el país. El ocho de agosto ahora tiene un nuevo sentido. Y eso, es algo que un puñado de personas que representan lo más regresivo del estado, que abogan por un estado clerical y no por uno laico, no pueden ni podrán revertir. Los que perdieron son ellxs, porque a la vista está que no representan a casi nadie. Porque es el fin de su legitimidad política. Y eso, como ese tsunami, no tiene marcha atrás.




Ya se habla mucho de todo lo que ganamos: las calles (que ya eran nuestras); la despenalización social (gracias a estos meses de lucha y la acumulación de los años anteriores). Ganamos visibilidad y legitimidad: muchxs senadorxs tuvieron que votar a favor porque éramos miles en las calles y seremos muchas más, eso es seguro. Senadorxs que aun cuando estuvieron años en el poder – desde esas mismas bancas o en otros lugares-, no movieron un solo dedo para que el aborto fuera ley: hoy a la madrugada tuvieron que representarnos en el recinto. Lxs ganamos, que no es lo mismo que convencerlos para mí… hay gente a la que no le voy a creer hasta el día que me muera. Porque ganarlxs dadas las condiciones históricas, es mejor que convencerlos porque esto es la democracia: una forma perimida de la libertad, pero es lo mejor que tenemos. Por eso me conformo con ganarlxs desde y para la calle porque eso es lo que marca que estamos haciendo las cosas bien, que los feminismos realmente son una propuesta política revolucionaria.

A pesar del dolor de saber que ayer no fue, hay algo que no me deja llorar: es la convicción de que hoy y mañana hay futuro. Entre tanta devastación y miserias políticas ajenas. Es la primera vez en la historia que sabemos que un futuro es posible, porque está ocurriendo. Porque mientras los que defienden el sentido común clerical se pliegan en sus casas nosotras seguimos tejiendo y bordando, seguimos llenando las calles, las escuelas y los hospitales. Seguimos organizándonos para inundar hasta corroer los cimientos del patriarcado. Justo como lo venimos haciendo.  Hay algo que no puede detenerse y es este desborde de libertad, de política organizada, es esta realidad de que ya no nos callamos más, de que las calles son nuestras y el siglo entero nos pertenece. Porque la segunda mitad del siglo XX fue el momento de las mujeres en la historia; pero que este nuevo siglo es el momento de la historia de las mujeres. La revolución será feminista… y lo será.


Fotos: M.A.F.I.A

15.7.18

Esto no es un chiste

Ilustración: Venus Libido

Hace semanas que en las redes sociales no para de compartirse artículos, reflexiones, videos, viñetas ilustradas, incluso memes o chistes a favor y en contra del llamado “lenguaje inclusivo”. Me alegro que una vez más se ponga en boca de todxs esta discusión que lejos de ser un tema de lingüística abstracta (como si realmente tal cosa existiera), es un tema profundamente político. Porque como ya expresé en otra oportunidad, los errores no son gramaticales, y hoy me atrevo a reformular la segunda parte de mi afirmación: acá se trata de errores de integridad (política). Y si bien es cierto que las palabras no están antes de los actos; las palabras se recortan de los sucesivos hechos históricos, hitos, para ser más específica; tampoco seamos tan ilusxs de creer que las palabras no moldean cuerpos en acción.
El lenguaje, puede violentar tanto o más que un buen golpe o una sucesión de ellos a lo largo de toda una vida, los feminismos nos han enseñado mucho sobre esto. La violencia simbólica es uno de los pilares sobre los que se construye la reproducción del sistema patriarcal: el que sostiene y convalida la violencia a todo lo que no responda al universal excluyente del “Hombre” y su alteridad negativa, defectuosa, subalterna y casi siempre diabólica: la mujer. Argentina tiene la Ley 26.485 para la protección integral, prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres - porque las cosas si no se nombran, no existen-. Ley que permite pensar cómo la violencia machista y patriarcal no es algo que solo padecemos las mujeres, sino todas aquellas identidades que son feminizadas: puestas en un lugar de inferioridad y que, por salirse de los lugares asignados dentro del sistema, pueden (y deben) ser violentadas para restituir el orden hegemónico.
Sos una “mala mujer” si querés no tener marido o novio; o querés tener novia; o querés mantener relaciones sexuales con muchas personas; o divorciarte; o no tener hijxs; o te atraen personas indistintamente de su identidad u orientación sexual. Sos un “maricón”si te identificas con tareas o espacios asignados a las mujeres, o amás a otros hombres (sexoafectivamente hablando o no) y no tenés problemas en decirlo; o te sentís atraído por cualquier persona indistintamente de su identidad u orientación sexual, o no sos ni varón ni mujer; o sos un “traidor” porque no estás de acuerdo con ganar más que las mujeres, o no tenes políticas ativas para desplazarlas, lastimarlas o anularlas. Es decir que la llamada violencia de género corre tanto para las mujeres que no se quedan sumisas sosteniendo los lugares de buenas esposas/madres; como para los varones que no son suficientemente masculinos; y también para las personas que no se identifican ni como varones ni como mujeres, independientemente de su orientación sexoafectiva, porque se reconocen como un tercer género, o como parte del espectro de la fluidez. Porque si no se es “un hombre hecho y derecho” entonces tendrás que ser “una buena mujer”, o no serás nada... o estarás condenadx a ser un monstruo, una abominación.
Eso que en la teoría se denomina el binarismo sexogenérico (que solo se puede ser hombre o mujer de acuerdo a la interpretación que la sociedad hizo de los genitales que te tocaron en suerte), es lo que sostiene en gran parte muchas de las violencias simbólicas que nos lastiman a todxs lxs que de alguna manera desoímos o no nos ajustamos a los mandatos patriarcales. Porque el problema no es solo que “no se nace mujer, sino que se llega a serlo”; sino que tampoco hay solo dos destinos: hombre o mujer. Existen identidades no binarias (que no se identifican ni con una, ni con otra asignación) y negarlas es un acto de violencia simbólica, una de las violencias que están especificadas dentro de nuestra ley y que debemos prevenir, erradicar y sancionar... guste o no. Y porque además en Argentina tenemos otra ley, la 26.743 de Identidad de Género, que reconoce el derecho al libre desarrollo de la persona conforme a su identidad de género autopercibida, y a ser tratada de acuerdo con su identidad de género: es obligación del Estado y de todos quienes seamos representantes del mismo en el ámbito público y/o privado, o seamos simples ciudadanos, respetar y hacer respetar la integridad de esas personas. Porque, una vez más, lo que no se nombra no existe; y nosotrxs como sociedad elegimos visibilizarlo para ampliar derechos.
Además de estas leyes que son relativamente nuevas (en términos históricos son muy nuevas), Argentina es un país que tiene una larga tradición en la construcción de una sociedad que respeta el paradigma jus-humanista; hace muchos años que nuestro país, su sociedad y la cultura que desarrolla es ejemplo en el mundo de una ética respetuosa de los Derechos Humanos... porque las leyes son solo una expresión de esto. Sabemos, desde que retornó la democracia en adelante, la importancia de no sostener políticas negacionistas de los crímenes de lesa humanidad (aquellos que el Estado comete contra la población civil); la importancia de construir memoria, para esclarecer el pasado y delimitar un campo de verdad y así poder garantizar justicia. Y la operatoria de elucidación implica visibilizar aquello que se pretendió desaparecer por ir en contra del poder de turno: que se desapareció porque no se nombró, porque se expropió o porque se lo asesinó. Es una deuda de nuestra democracia restituir a todxs lxs desaparecidos de nuestra historia.


No hay nada más trágico que una pretendida posición de inteligencia que solo encubre ignorancia y negacionismo. Esto que está aquí arriba no es un chiste porque como cualquiera que tenga más de dos años como hablante del castellano rioplatense sabe que el neutro aquí está mal empleado. Sin contar, por supuesto, que está atacando al movimiento de mujeres que estamos luchando por la ampliación derechos sobre la soberanía de nuestros cuerpos (si, la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo)... porque la muchacha de la foto tiene al cuello el pañuelo de la campaña. Y porque esta ley implica nombrar algo que de modo contrario, permanecerá desaparecido y operando como hasta ahora: invisibilizando a las mujeres que mueren todos los días por abortos clandestinos.
Quien considere esto un chiste desconoce por completo cómo funciona el lenguaje y los cambios en el mismo. La lengua tiene un uso, que es multívoco, equívoco, hasta en el nivel de análisis en el que esto se supone “está todo bajo control”: la semántica. Ya lo decía de Saussure hace un siglo, las cosas que uno habla se van corriendo de lugar: los significantes corren significados, o viceversa. Pero volvamos mejor al nivel pragmático del lenguaje. La pragmática, necesariamente es un terreno político. Aquí no estamos hablando de una mera sustitución de letras, esto es mucho más que eso: estamos hablando de reconocer la existencia de otras identidades que escapan al binarismo de nuestro idioma. Que ya vemos que no es natural a la lengua, sino que es como todas las cosas, el decantado de las construcciones que se fueron dando en las relaciones de poder. El androcentrismo, la visión machista y patriarcal, y el capitalismo. El error de integridad política se comente cuando en nombre de la RAE nos cagamos en la ampliación de derechos. Como si el lenguaje fuera algo inofensivo, cuando sabemos de la violencia simbólica. Porque la lengua es una cuestión de género. Y muchos problemas se solucionarían si pudiéramos bancarnos que la lengua es más que un código abstractactamente pautado que se aprende en el proceso de devenir “humanx”.

La lengua la hablan las personas, y las personas son históricas: están atravesadas por el lenguaje y las prácticas que lo producen y reproducen; y son sociales: ocupan un lugar en el sistema de producción y reproducción del capital y el patriarcado; y son culturales: usan lo simbólico que se desprende de sus prácticas para reforzarlas o hacerlas mierda y correrse… correrse… correrse. Lo subversivo del lenguaje está en que se lo puede hacer pelota; pero sin ser ingenuos. Sostener una convención basados en la supuesta arbitrariedad del lenguaje o las normas de la Real Academia Española es como decir “yo soy apolítico”... y ya sabemos quiénes son lxs apolíticos en la historia Argentina: lxs pro dictadura, lxs anti ley de matrimonio igualitario, lxs anti ley de identidad, los “pro vida” y anti ley de donación de órganos. La modificación de una convención lingüística sabemos que no se da en un tiempo humano sino histórico... y nosotrxs SEÑORES, estamos haciendo historia para estar más cerca de poder decir “Nunca Más”.