29.4.13

BORDA | Subirse al caballo de los Derechos Humanos




Subirse al caballo de los Derechos Humanos, de la desmanicomialización. Como si fuera cosa de proclamas, cuando en verdad se trata de militancia EN campo. Porque la reforma en salud no se hace cerrando los manicomios, sancionando leyes que no pueden o quieren aplicar. La reforma en Salud (Mental también) se hace formando otro tipo de trabajadores de la salud. Promoviendo en los privados de libertad herramientas para que recuperen su autonomía, su dignidad, su humanidad en resumidas cuentas. Generando espacios donde las comunidades puedan recuperar sus estrategias vinculares y generar otras novedosas que les permitan afrontar las más y mayores violencias de la exclusión impuesta, y torcerles el brazo a los que nos quieren cada vez más pobres y cada vez más esclavos. Sin los agentes en salud apropiados, no hay ley que valga, no hay ley que se llene de contenido, no hay ley que se sostenga: las leyes 448 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Ley Nacional 26657 de Salud Mental, no son la excepción.

El Borda es un manicomio, sí. Como lo es el de Melchor Romero, donde trabajé por varios años. Se vulneran derechos todos los días, de los internos y de los trabajadores… y se los trata como si mierda fuesen. Se los reduce a entidades depositarias y repositoras de violencia. Quien haya estado por más de una hora en un manicomio sabrá muy bien de lo que hablo, porque es una cosa que se siente muy claro en el cuerpo. Tener memoria y pie firme en un proceso de reforma no es estar en contra de los hospicios. Porque en ellos viven víctimas de este sistema de mierda, que hace que gente como Mauricio Macri y TODOS los legisladores del CABA que votaron la Comuna en el predio del Hospital consideren que se puede entrar con una topadora y milicos a arrasar con todo y con todos.

Hace poco me dijeron, por toda excusa, que los legisladores oficialistas votaron porque el PRO se había comprometido a “no tocar nada”. Parece un gesto ingenuo a simple vista. No lo es. La responsabilidad existe de todas maneras, el poder Legislativo tiene responsabilidades políticas sobre lo que vota, no puede dejarlo librado a la “buena fe” del Ejecutivo, así no es cómo funcionan las cosas. Cada decisión tiene sus consecuencias y déjense de joder. Son necesarias las explicaciones políticas, los motivos por los que los representantes del pueblo toman decisiones que van en contra de los más vulnerados. Que el oficialismo, de ser así, explique que no votó a favor porque son más importantes las especulaciones inmobiliarias que la integridad de las personas y de las verdaderas razones, sus razones. Ansiosos estamos de escuchar lo que tengan para decir.

No se puede cerrar o tirar abajo un hospicio cuando las víctimas de esta sociedad de exclusión en la que vivimos (y padecemos con más o menos conciencia de ello) no tienen a dónde ir, ni cómo sostenerse en una comunidad que ni siquiera sabe de sus existencias. Que perdieron su grupo de pertenencia (de crianza y ampliado), que no tienen trabajo, casa… que ni siquiera recuerdan cómo se toma un colectivo, o cuáles son las actividades de la vida diaria que garantizan los autocuidados mínimos para sobrevivir. Un Centro Comunal en lugar de un Taller Protegido, puede sonar muy pro, pero en nuestra coyuntura política y en el contexto general y más programático en lo que a políticas en Salud respecta, es nefasto. En ese lugar trabajan victimas del Estado y personal en salud que intenta (como puede) hacer una diferencia.

Si queremos cumplir con la Constitución Nacional y con las leyes que se voten bajo sus premisas, primero tenemos que garantizar la protección de las personas que serán sujetos de derecho de las mismas. Todos tenemos responsabilidad política en esto. Los legisladores, con lo que votan. Los formadores, con lo que enseñan y cómo. Los que estamos en formación, con cómo nos tomamos las cosas que estamos aprendiendo. Los medios de comunicación, con lo que informan y cómo lo hacen. La gente en general, con lo que toma y cómo lo toma de los medios, de sus representantes (legisladores y trabajadores de la Salud Pública: que también son funcionarios públicos)… Y los que trabajamos en y con la salud en general sobre todo, porque de nosotros depende en que esta reforma no se quede en una mera PROclama.

28.4.13

Historia en los margenes





Adriana Varejão es una artista plástica brasileña, una de las más importantes de la escena contemporánea parece.
          Yo no la conocía, porque me mantengo en los márgenes de la información sobre la cultura y otras yerbas. Yo no la conocía porque soy de las que disfrutan las cosas cuando me tocan, y no mucho más que eso… y cuando eso pasa, no solo disfruto sino que me cambian todo adentro.
Esta artista plástica es una mujer. Y la retrospectiva que Adriano Perosa armó para el malba lo entendió muy bien. Es una mujer obsesionada con el mestizaje, la piel, la carne, el cuerpo… la distancia entre la piel y la carne. Las distintas pieles que se nos agregan a lo largo de la historia.

 
 


Parece que esta mujer es el compuesto proteico de japonesas, indias y mulatas. Y que les rinde tributos culturales a todas ellas. Pinta azulejos con una técnica milenaria que se tomó el trabajo de ir a aprender. Pinta sobre piel los mismos diseños. Pinta sobre paredes y sobre lienzos, y los destripa… como si de bellos animales desarmados en una cacería feroz se tratara. Como si de la colonización americana y de sus múltiples torturas hablara. Y muestra unos platos mestizos servidos a la mesa de quien tenga el corazón y el estómago para verlos.

 
Esta retrospectiva es femenina, es cruel y directa. De líneas curvas y sutiles también. Las metáforas no están puestas donde la racionalización occidental y masculinizante las necesita, sino que van a donde realmente operan en la vida real: en los sueños, en los nacimientos, en la fertilidad, en la muerte, en la alimentación, en los continentes que podemos llamar patrias (o matrias), hogar, baño…

 

 Adriana me encontró a mí tratando de poner en palabras ciertas sensaciones, ideas. Muchas de sus obras podrían ilustrar cosas que pienso y/o escribí, que se despertaron después de haberse quedado dormidas debajo del lienzo que la palabra racional le puso durante estos años. Su mensaje, sea el que sea, no tiene vueltas. Sus Historias en los márgenes reivindican sin épica o romance; sostienen sin retóricas grandilocuentes. Sólo muestran grandiosamente: son monstruosidades.

 
 
 
Ciertas cosas que horrorizan de verdad son las más familiares, son aquellas conocidas y levemente corridas de lugar. Y, nunca está de más recordar que sólo lo que nos da terror, nos define mejor. Eso, algunas mujeres lo sabemos bien, y algunos hombres tienen la lucidez como para ponerlo en palabras… aunque no son palabras exactamente de lo que estoy hablando.



29.3.13

El problema del discurso y la política



Sostener el liderazgo en base a imágenes altamente cargadas de simbolismos y solo eso, lleva a que -con el tiempo, y por su propio peso- caiga redondo como lo que es. Y no porque fracase, ojo… lejos estoy de afirmar algo así. A lo que me refiero es a que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Y eso, en política sobre todo, se paga. Nuestro gobierno actual, construye un poder que no se encuentra en línea con mucho de lo que en su discurso podría llegar a inferirse. Le guste a quien le guste, las alusiones permiten un margen de ambigüedad que dejan el cierre de sentido al otro y a sus expectativas históricas. Lo lamento.
Hay cosas que parece que nunca cambian, y está muy bien que así sea: ser de izquierda en este país nunca te deja en un sitio cómodo. Sobre todo porque el “peronismo progresista”, por los motivos que sean, ha sabido históricamente posicionarse en un discurso que nos deja bien como el culo. Pero justamente una cosa es lo que puede decirse de la realidad, y otra es lo que se hace con ella. La presidenta, en el marco del 37 aniversario del último golpe, se ha referido a la izquierda con los mismos términos muy poco cuidados con los que ya desde hace años se escuchaban de boca de sus “jóvenes maravillosos” en este y otros temas delicados. Hecho al menos llamativo, por ser la Sra. Fernández una mujer muy inteligente y astuta para sostenerse en su lugar de poder.
La agenda política, desde 2003, la tiene el kirchnerismo. Con el simple gesto de cambiar unos cuadros de lugar, sacar un par de leyes y decretos, y retomar ciertas simbologías setentistas consiguió lo que ninguna fuerza política que respete la democracia, logró en treinta años. El poder y la voluntad política kirchneristas dieron por tierra discursos reaccionarios históricos y configuraron un sentido común en el que hablar de política, militar, discutir, analizar y apostar a un paradigma de “ampliación de derechos”, “justicia social”, “dignidad de los trabajadores”, “capitalismo serio/ en serio” es posible. Pero insisto, una cosa es el discurso y otra la política. Aunque siempre estén directamente relacionados; no siempre son correlatos la una del otro. Eso es algo que, en este proceso de diez años, el kirchnerismo ha dejado más que claro.
Los espacios de memoria ganados al Terrorismo de Estado, se convirtieron en museos. La Memoria, la Verdad y la Justicia, son operadores práxicos solo aplicables a los crímenes cometidos por el último gobierno de facto. La democracia es impoluta, y peor aún la democracia es un concepto ideal y totalmente naturalizado, es decir: invisibilizado.
El Terrorismo de Estado y su modus operandi, fue caracterizado como una dictadura cívico-militar; pero ya aquí hay que hacer una observación: es solo parcialmente cívico. A Ledesma y los demás cómplices de la dictadura, aliados tácticos o programáticos del gobierno –poco importa el detalle-, no se los toca.
La Iglesia Católica Apostólica Romana, nada tiene que ver con los crímenes de lesa humanidad que se cometieren en la República Argentina de los Derechos Humanos. Bergoglio, el cardenal Bergoglio, que militara fervientemente las consignas defensoras de la familia occidental y cristiana, las políticas reproductivas que anulan a la mujer como sujeto de derechos, que colaborara para entregar a otros curas en a la dictadura, no parecen ser motivos suficientes, o del peso específico necesario, como para aplacar el fervor cristiano que provocara su asunción como el Rey de los Católicos. Y menos que menos aún “profundizar el modelo” y avanzar en la construcción de la Memoria, que indica que la última dictadura tuvo tres y no dos patas.
Se supone una disminución del desempleo y una lucha contra el empleo en negro en general pero… No se ha hecho más que reducir el número de indigentes, a costo de pagar los trabajadores todos con empleo precarizado y tercerizado. Sin contar los platos rotos de la economía nacional (impuestos, inflación, congelamiento de sueldos, subempleo, destrucción de los sistemas públicos de salud y educación, desregulación de los alquileres, imposibilidad de ahorro e inversión…); o las disputas políticas internas del peronismo que se traducen en crisis sociales al interior de las principales provincias (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe) y de las demás por depender directamente del presupuesto nacional.
El sistema educativo está recontra podrido por donde se lo mire, y no hay voluntad política para cambiarlo. Las paritarias docentes nacionales y provinciales se cierran unilateralmente y por decreto: aumentos que promedian un 25% en cuotas, que significan nada a raíz de una inflación que se niega sistemáticamente. La mitad del presupuesto de la educación privada (mucha de ella, representante de las filosofías y políticas de algún culto religioso) es subvencionado por el Estado Nacional que es laico. Las escuelas públicas, nacionales y provinciales se caen a pedazos. Los sueldos de los docentes son una gran mentira que consta de un básico irrisorio al que se adosan bonificaciones “en negro” que no repercuten ni en su caja jubilatoria, ni en su antigüedad.
El sistema de salud se cae a pedazos y apesta, y no hay voluntad política para modificarlo. Se sancionan leyes nacionales y provinciales que son hermosas, pero no tienen sustento práctico alguno. Los hospitales públicos no tienen insumos. La mafia de las obras sociales y laboratorios son las que tienen el poder sobre las políticas en salud que se implementan por acción u omisión. Los trabajadores de la salud estamos precarizados, tercerizados, faltos de marcos normativos regulatorios y de defensa.
              
Ser de izquierda en este país siempre es incómodo. Si realmente se sostiene uno en esta agenda, se convierte en un verdadero dolor de cabeza hacia dentro y hacia fuera. Las palabras tienen mucho alcance. Por suerte lo hemos comprobado más de una vez: para los casos que sirvieron a nuestras derrotas, como para las recientes victorias. Pero a diferencia de las palabras, la política no permite el mismo “margen de error”. La política nunca miente. Y los límites del discurso, los marcan los hechos. En eso la izquierda es la que más experiencias a favor tiene, y demuestra que con o sin victorias, no perdió la política, y pocas veces se perdió en ella. Aquí no se trata de contar militantes como si de cabezas de ganado habláramos. Le guste a quién le guste, aquí se trata de dilucidar qué tipo de poder político se está queriendo construir. Lo lamento.

24.3.13

despaldas

El pasado está adelante, porque es lo que podemos ver. En cambio el futuro siempre está a nuestras espaldas, es lo que desconocemos y a lo que debemos apostar. Atreverse a medir el espacio tiempo por fuera de las categorías occidentales que nos impusieron. Soñar con llegar a construir memoria y verdad, para ganarle a la injusticia.

Este día y todos los días. Ni olvido ni perdón. La historia es de quien se atreva a luchar y a construir opciones a lo naturalizado. 

14.2.13


además saber:

que las palabras nunca
vienen solas

23.1.13

Para-caídas




Sientate a ver el día,
mirá que gusto da ver el rayo justo
donde empieza la avenida.
Descalzate en el aire 
para ir
L.A.S. 


Y ver lo espantado que sale a escapar de su propio cuerpo otra vez; otro más… Haciendo “como sí”, que es un decir; lo está haciendo deliberadamente: se ausenta en presencia y carga las tintas de lo que está mal en el que tiene más cerca. Lo veo y se por qué. Lo supe desde siempre, que es lo mismo que decir nunca, otra vez.
Y saber cómo se aprende silenciosamente el protocolo exacto de la ausencia, para no tener que llorar después, y repetirlo sin darse cuenta. Porque quién quiere admitir que el amor es perdida. Nadie con dos dedos de frente, con un poco de criterio de cómo se sobrevive en este mundo gris y de chiquitajes, estaría dispuesto a tamaña estupidez. Si esta vida se supone que debe ser plus. No se sabe bien de qué, pero plus-plus-plus. Plus. Please. Plus…
Y siento odio cuando, y a pesar de todo: a pesar de tener que admitirme a mí -porque existo y acá estoy plantada con mi metro sesenta de humanidad-, me dicen que tengo que estar contenta y sonreír. Y ser hermosa y perfecta y aparecer como si fuese mi cumpleaños. O peor, mi fiesta de quince, mi graduación y casamiento juntos. Y tener que apretar los dientes y cerrar la boca. Cerrarla para que no entren las moscas de la carne podrida ajena. Porque yo no quise fiesta de quince, ni me importó la graduación de nada, y mucho menos me querré casar.
La gente no vive equivocada: vive mirando la vida de lo que se supone es de los otros. Atados a los Mandamientos: los Antiguos, los Nuevos y los de la respectiva madre que los parió… y de su padre también, por qué no. La gente habla y cree que sabe a qué se refiere cuando dice lo que dice. Y en realidad no tiene ni la más mínima idea de lo que está creando alrededor cada vez que abre la boca.
Cree que se deprime, o que se aburre porque las cosas no son como antes, o como creía que iban a ser… o lo que es peor: porque cree que cambió. La gente desespera por buscar algo que le llene sus días y sus noches y sus pensamientos. Busca algo que cree que merece como si de un Derecho Natural se tratase. Como si el hueco que dice que siente, que vagamente intuye o que ni se imagina que es lo que le molesta, fuera responsabilidad de-los-otros.
La gente confunde cobardía con egoísmo y ansiedad todo el tiempo. Y eso a mí me cansa, me cansa y me entristece. Son las cosas que me hacen envejecer. No quejarme y putear todo el tiempo por alguna de las miles de injusticias de este mundo de mierda y la madre que me recontra parió a mí y a todos los pobres infelices que nacimos para que venga otro y se lleve lo que es nuestro. Y nos quiera convencer de cosas tan baldías como “la felicidad”, “el éxito”, “la juventud”.
La gente confunde cobardía con ansiedad y egoísmo todo el tiempo y a mí se me hace un nudo en la garganta y no me dan ganas de comer ni de dormir. La cobardía es otra cosa, nada tiene que ver con la sensación de que algo nos va a aniquilar en cualquier momento, o que no recibimos el amor y la atención que merecíamos, entonces a la mierda los demás yo que puedo y cuando puedo me salvo. La cobardía es otra cosa, no es la degradación a la que estamos tan acostumbrados a que nos digan que es.
Si hay algo en este mundo capaz de obligarnos a dejar de mirarnos el ombligo, crecer, madurar, curarnos la neurosis, o como quieran decirle, es la cobardía. Sólo el miedo absoluto y definitivo que nos da la certeza de que la pérdida es inevitable, es lo que nos deja en la única encrucijada valida: seguir siendo unos reverendos idiotas o atrevernos a vivir nuestras vidas hasta que se terminen. El problema y la respuesta al mismo son muy simples. Aunque nos lleve el resto denuestros días terminar la ecuación.
Y eso  es lo único que conozco que puede garantizarnos conocer el verdadero amor, que es algo que por suerte, jamás podemos elegir.