Volvía cabizbaja del trabajo
pensando en que tenía que apurarme y así podía almorzar y volver a salir sin
tener la milanesa atragantada mientras voy a pedir el presupuesto a la
ferretería, porque al jefe se le ocurre que yo tengo tiempo para pasar por ahí
antes de tomarme el micro para volver a la oficina. Volvía cabizbaja del
trabajo, y me tildé en medio de la vereda mirando a unos albañiles haciendo
mierda una pared con una maza. Justo que iba mirando para abajo el sonido sordo
y rítmico me llamó y me quedé embelesada, y pensé que tengo que comprarme una
maza, aprovechar que voy a pedir el presupuesto a la ferretería y llevarme una
maza para hacer mierda algo, así como los albañiles que estaban destruyendo esa
pared. Así como vos habías hecho mierda mi corazón, Claudio. Y eso que no tengo
mucha imaginación, vos siempre me lo decías… pero no sos el único, ¿sabés? Mi jefe
también me dice lo mismo y más veces por día que vos… porque a él lo tuve que
aguantar muchas más horas en veinte años. Pero esta vez lo vi clarito en mi
mente. Yo y mi maza, haciendo mierda algo. Como vos hiciste pelota mi corazón, diciéndome
pelotudeces una y otra vez, hasta que un día te superaste a vos mismo en el
arte de quemarme el bocho y me dijiste que te querías separar mientras me
devolvías el mate, a las 4:30 de la mañana, justo antes de salir a tomar el
tren a tu trabajo de mierda… ese que hace que si te veo con suerte cinco o seis
horas al día es mucho. Porque es re loco, a vos siempre te veo rompiendo cosas
como esos albañiles. Te dedicás a lo mismo: a romper las pelotas, el corazón y
la paciencia, Claudio. Es re fácil pensarte en ese lugar, tan fácil que es obvio,
como natural… qué otra cosa más obvia que vos rompiendo algo. Ejerciendo tu
potencia arrolladora, Claudio. Y lo vi clarito ahí: yo en cuarenta y dos años
jamás me permití romper ni un vaso, ni mandarte a la puta que te parió cuando
me hartabas la paciencia. Nada, ni mú.
Y fue tan liberador pensarme así con una maza. Me di cuenta que yo también
había nacido para eso, justo como vos. Pero que a mí, me lo habían negado una
vida entera. Y me di cuenta de que eso era la verdad más verdadera porque no me
pareció obvio como cuando después de lo que me hiciste volviste llorando a
decirme – Susana, vieja… yo a vos te amo, eso no cambia ni va a cambiar. Porque
sos tan obvio Claudio, tan obvio como que en estos veinte años nunca se te iba
a caer un perdón ni de casualidad. Y las obviedades son mentiras que se vuelven
verdades a fuerza de repetición, eso me contó nuestra hija que lo aprendió en
la universidad. Yo al principio no le entendía, pero estaba tan entusiasmada explicándome
que la mejor manera de encontrar las verdades era buscando ahí donde parecía
que eso no estaba bien por raro, o algo así. Estaba tan compenetrada usando una
forma de pensar que yo no entendía, que me llenó de ternura y la escuché igual,
y lo más atenta posible, Claudio… menos mal. El tema es que ahora con esto de
la maza le entendí y estoy en una encrucijada, porque cómo se vuelve de la
posibilidad de ser yo la que tiene la herramienta para ir y hacer mierda todo. Cómo
se vuelve de saberte así tan chiquito e impotente Claudio, con esas artimañas
que ya no te funcionan más, porque los pibes están grandes y ya ni pasan a
saludar, salvo la nena cuando tiene un rato el fin de semana porque no tiene
que estudiar. Cómo se vuelve, Claudio, cuando me doy cuenta de que entonces no
tengo ni un pero para dejarme estar.
24.10.17
22.10.17
Breve lección de historia
Recordamos bien, porque volvemos todo el tiempo, como un
buen síntoma, a golpear las puertas de donde sea que se escondan, cuarteles o
casas de gobierno. Qué más da.
La inoculación sistemática de lo siniestro sirve para
preparar a una sociedad dócil para la inoculación de mensajes mafiosos cuarenta
años después. Mecanismos básicos de la psicología al servicio de la guerra para
la sumisión… Pero lo que se les pasa por alto, cada vez, es que no matan a
nadie, ni aún muerto. Y que de lo siniestro y del terror se aprende. Somos lo
que quedó de la resistencia. Somos la lucha eterna.
Somos los que nunca van a poder matar. Inscribirnos en la muerte, nos hizo eternos.
Pintura: Horacio Petre (1986)
21.8.16
Un pez entre los pájaros
Cincuenta metros de fondo,
el ancho no podría precisarlo, papá no hacía énfasis en esa dimensión. Rodillas
paspadas, parada en medio con los brazos en jarra, enseñándole la espalda a la
vida, con el semblante grave mirando al paredón final de mi casa de Javiera
Sosa.
Mis
inclinaciones por la observación de la fauna animal, en complemento armonioso
con una extrema piedad por las bestias me llevaron a descubrir por mí misma,
cuestiones específicas, biológicas y comportamentales de los gorriones
argentinos. Plaga nacional, seres de una nobleza increíble. Por esos años, mi
amor por estos pajaritos era muy grande, los estudios etológicos más extensos y
sistemáticos fueron dedicados a ellos.
En
esa posición -brazos en jarra, de espaldas a la vida-, en la que a veces aún me
encuentro llegando a La Única Solución Posible, fue que en la que en aquel momento
concluí que era necesario implementar un plan urbano para las crías de
gorriones que prematuramente caían del nido, y no podían ser salvadas por la
pericia de la intervención científica y devueltas felizmente a la vida salvaje
del Barrio Docente.
Así es que se gestó el
cementerio que funcionó por años en el patio. Los cadáveres eran
respetuosamente sepultados; y marcadas sus tumbas con lajas que encontraban
rotas por el barrio. Con el tiempo se decidió que ese lugar debía cumplir con
algún propósito que llevara a contribuir en la acumulación del conocimiento
científico (al menos el mío).
Fue
así que un sector de la Necrópolis fue destinado a la Anatomía. Enterrábamos
algunos cadáveres por unos días, y luego los exhumábamos para realizar una
autopsia en la que serían extraídos el corazón y los gusanos que se alimentaran
de los restos del pajarito.
Como
éramos chicas, mis hermanas y yo, las operaciones eran verdaderamente
rudimentarias. Por barbijos usábamos las camisetas manga larga de algodón que
mamá nos obligaba a usar hasta muy entrada la primavera. Y como instrumentos
quirúrgicos ramas de árboles. Guardábamos así, prolijamente en unos frascos
rebosantes en alcohol fino órganos y organismos que de los cadáveres extraíamos.
(Por algún motivo
recolectar y conservar comenzó a convertirse en una afición, y la mejor manera
de comprender -o calmar- el complejo y caótico mundo).
De aquella época lo que más
recuerdo de todo, es el gris del paredón del fondo de mi patio, si. El revoque
grueso y las lajas del cementerio... Mi geografía infantil se caracterizaba por
coordenadas medianeras. Todos los niños de allí, éramos animales de bici y
paredones. Generalmente
no se entraba por la puerta de la reja a las casas de los vecinos. Se optaba
por caminar haciendo equilibro por los dos metros de altura que limitaban los
dúplex del pequeño barrio. Era una decisión táctica, ya que se hacía un uso
racional del tiempo y las energías. Además de tener absoluto control panóptico
de toda la cuadra.
Yo
era bastante mala en ese aspecto. Toda mi vida me acompañó el vértigo… así que mi
papel era un tanto más estratégico. Digamos que era la tonta que se quedaba
parada en el patio e intentaba impartir órdenes, que eran acatadas en mayor o menor
medida, de acuerdo al humor y atención de mi hermana la más mediana que siempre
tuvo carisma y la atención de todos sin mucho esfuerzo: todo
era natural y fluido en ella. Durante gran parte de mi infancia la envidié por
eso.
De todas formas, en
lo que no me quedaba atrás era en las campañas que se armaban montados en las
bicis. Así fue, y gracias a eso, que salvamos la vida a la gallinita.
En
la manzana vecina había un potrero en el que crecían plantas patagónicas
salvajemente. Una vez cada seis meses, o quizá no tan a menudo, la
municipalidad mandaba maquinas para nivelar el terreno y sacar los yuyos
enormes que crecían allí. Lo interesante era que dejaba sobre una de las
mitades del lote montañas, que nosotros nos dedicábamos a moldear para que
sirvieran de pista de bici cross.
A
partir de ese momento comenzaban, tarde o temprano, los conflictos con los
chicos del barrio vecino (que estaba después del potrero). Afortunadamente el
lote era los suficientemente grande y todos lo suficientemente niños como para
que pasara a mayores.
Una
de esas tardes, mientras ejercitábamos los talentos en la bici, vi cómo sobre
el otro extremo del campito se agrupaban en círculo unos niños más grandes y
definitivamente más amenazadores. En el centro del círculo había un ave de gran
tamaño y que estaban por rematarla de un toscazo. Esta era una tosca de tamaño
importante, un canto rodado de unos veinticuatro centímetros de largo, por diez
u once de ancho.
Yo
tenía una bici rodado veintiséis gris jaspeada, muy pesada y en un instante de
coraje inconciente me lancé a la carrera contra el grupo de pendejos al grito dejen a ese animal en paz. Entre el griterío
infantil y la confusión de los potenciales asesinos, logramos que perdieran
interés en aquella empresa. Digo logramos, porque en el momento en que el
enfrentamiento era inminente, encontré montada en su bici y a mi lado a mi hermana la más menor,
cuyo amor por las bestias fue mucho mayor al profesado por la humanidad durante
toda su vida.
El
resultado de toda esa polvareda y corrida fue el triste cuadro de una gaviota
gris, de tamaño mediano, con su cola casi arrancada por unos niños ferales.
Mientras examinaba superficialmente al bicho, mi hermana iba a casa corriendo a
conseguir una caja-camilla donde transportar a la gallinita (bautizada
desde el primer momento en que nos referimos a ella). Fue así que el periodo de
recuperación de aquella ave salvaje se dio lugar en el patio de casa, a
costa de mucho trabajo y los nervios de mi perro León, que quedaron destrozados
por los celos y la violencia de la gaviota.
También
por esa época en la escuela la maestra había armado un acuario gigante y bastante
estúpido, de trágicas carpas naranjas. Seres largos y sin encanto que se
aglutinaban a razón de treinta existencias, en una pecera donada por el papá
vidriero de un compañero que estaba enamorado de mí pero que no me gustaba ni
un poco.
Del
resultado de esa experiencia educativa que duró todo un año lectivo y en la que
la señorita quería enseñar la responsabilidad del cuidado de otra vida; fue que
terminé adoptando, en base al más riguroso azar, al pez que se llamaría
Rogelio.
Mi
nueva mascota fue alojada en la fuente que mamá usaba para hacer lasagna, la
cual cedió como única respuesta sobre la decisión que la maestra había tomado
sobre la planificación familiar. Sobre la mesada de la pequeña cocina de mi
casa, Rogelio, fue instalado como icono de la crueldad materna. Nunca entendí cómo
convivir con la inquietud que me generaba esa situación: mi pez, alojado en
otra cosa distinta a una pecera. Era una obra de arte que condensaba toda la
maldad del mundo.
Rogelio,
a pesar de su condición de carpa ordinaria, supo marcar una particularidad:
desarrolló una gran personalidad suicida. Fue así que niña y pez nos dimos a
coordinar una compleja rutina en la que éste se arrojaba al vacío aterrizando
en los rojos azulejos de la cocina; y yo, agudizando mi astigmática visión, acudía
a rescatarlo. Fueron innumerables las resucitaciones a la carpa suicida bajo el
chorro de la canilla. Esa relación era confusa y estrecha, y fue sostenida con
una terquedad incansable.
Pero
Rogelio era un pez, y eventualmente cumplió su cometido. Terminó por quitarse
la vida definitivamente durante la fiesta de cumpleaños de mi hermana la más
menor, alguna tarde de octubre del año 1994. Cuando volvimos a la casa, mis
padres lo encontraron sin vida sobre la bacha, donde su cuerpo contrastaba
notablemente en aquella superficie.
Ese día reconocí a la
muerte. Recuerdo que enterré al pez junto a los pájaros mientras me ahogaba con mis
propias lágrimas y mocos. Le hice una lapida gigante con una laja muy linda que
estaba guardando para una ocasión importante. Todavía permanece vivida en mí
memoria la tempera blanca con la que escribí el epitafio: ROGELIO PALLERO 1994-1995.
Durante
muchos años creí que aquel animalito había estado poseído por el espíritu de
Kurt Cobain. Así fue como mitigue mi dolor y di respuesta al comportamiento
bizarro de aquella carpa. Construí, de esa manera, la primera leyenda de mi
historia... Aunque ahora, lo único notable para mí de toda la historia en verdad
sea que a mis ocho años escuchara Nirvana.
29.5.16
final
tender un puente,
como quien tiende la cama
o la ropa en la cuerda al sol
y aún así
tener que cruzarlo
sola.
27.5.16
3 de Junio #NiUnaMenos
No tiene nada de lindo ser mujer en este mundo. La violencia patriarcal nos fagocita desde el minuto cero. No somos exageradas cuando decimos que se nos hace mierda en microdosis en el caso de las más afortunadas. No estamos hablando pelotudeces. Porque el problema es ese, no se nos permite hablar. O si se nos deja es por breves instantes, y enseguida se nos pide silencio, o se sospecha sobre la relevancia de nuestro discurso, o se lo degrada... o nos vienen a explicar las cosas (porque seguro-seguro no las sabemos, o no las entendimos bien).
A mi por suerte jamás un hombre me puso una mano encima... no sin mi consentimiento. No sé lo que es que te golpeen o te amenacen con herirte a vos o a tus seres queridos; o que tu vida corra riesgo cierto.Sí me tuve que fumar otras violencias varias: psicológicas y económicas sobre todo. Pero soy afortunada, soy una de esas que puede autonominarse afortunada.
Como no tengo hijos no sufrí violencia obstétrica propiamente dicha, pero sí fui duramente castigada (de modos muy sutiles) por profesionales de la salud cuando decidí sobre mi cuerpo, y por la sociedad y el estado que me obligaron a la clandestinidad por considerarme delincuente al ejercer mi derecho de autonomía y salud. A pesar de eso fui y soy una afortunada, porque como mujer de izquierda y feminista siempre me he rodeado de gente piola, y las cosas de mierda se hacen mucho más llevaderas así. Y porque con mis amigas (entre otro montón de cosas) sabemos reirnos de las personas que nos miran con pena e intentan consolarnos por treintañeras sin hijos ni esposo que nos mantenga. Y porque los varones con los que me relaciono me quieren y respetan profundamente.
Sin embargo les puedo decir que he tenido que deformar mi carácter para los ámbitos laborales, para que no me pasen por encima por ser mujer... porque ya bastante sospechosa soy porque no ando pidiéndole favores a nadie, o adulando a personas importantes. Bastante sospechosa soy porque tengo una opinión y conocimientos formados por mi misma, y porque no soy timorata, ni apocada, ni pusilánime, o casquivana, etcétera. Puedo decir que en 31 años nadie jamás se animó a sugerir en mi presencia que yo conseguí algo de lo que tengo acostándome con algún jefx... Sospecho que esto es así a costa de mostrar una versión agresiva y masculinizada de mi ya "natural" carácter fuerte y asertivo.
Supongo que por este mismo motivo nunca me violaron, ni abusaron sexualmente de mí. Del mismo modo nadie "me faltó el respeto" o desautorizó en un ámbito de saber/ poder porque nunca mostré en la esfera pública la llamada "debilidad", ni llantos, ni conmociones... ni siquiera en situaciones donde he visto a más de un "machito" cagarse encima; entonces la sospecha se convierte en temor o algo parecido al respeto. Con los años fui aprendiendo a encontrar algo semejante a un punto intermedio y a mostrar que se puede ser dura y tierna al mismo tiempo. Pero el precio que tuve que pagar fue alto, altísimo.
Por eso digo que no tiene nada de lindo ser mujer en este mundo. La violencia patriarcal nos fagocita desde el minuto cero. No somos exageradas cuando decimos que se nos hace mierda en microdosis en el caso de las más afortunadas. No estamos hablando pelotudeces. Porque el problema es ese, no se nos permite hablar. O si se nos deja es por breves instantes, y enseguida se nos pide silencio, o se sospecha sobre la relevancia de nuestro discurso, o se lo degrada... o nos vienen a explicar las cosas (porque seguro-seguro no las sabemos, o no las entendimos bien).
El 3 de Junio marchemos todes.
#VivasNosQueremos
#NiUnaMenos
#FelicesNosQueremos
28.4.16
Juan
tengo
un hombre
enmarañado
en la casa oscura
de
mi asma
tengo
un hombre
con su nombre atado a mis costillas
y
no se suelta
tengo
un hombre
que
me crece en las tibias entrañas
como
gesta
tengo
un hombre
que
no es mío pero igual
se
queda
19.4.16
FELICIDADES de Dulce Pallero - PIXEL Editora
Nuevo libro. Primer libro: Felicidades, de Pixel Editora.
Conseguí preventas en Malisia. Distribuidora y Estantería de Libros y Revistas.
Diag. 78 nro. 506, e/6 y 59, La Plata, Buenos Aires.
11.10.15
mi voz es animal peligroso,
hoy le abrí la jaula.
estaba enorme y furioso;
sentí su cuerpo caliente,
oscuro ocuparlo todo.
sentí el peso del sonido
que creciendo no aflojaba.
me llenó los agujeros
de los otros que me duelen.
aplastó los pensamientos que
clavados en mis sienes, mis dedos
no podían apuñalar impotentes.
desde la última vez creció mucho:
ya no le entra mi cuerpo.
si no estuviese tan cansada
tan triste, tan sola,
le tendría mucho miedo:
se tragó todo el aire de mi pecho
y ocupó la habitación toda.
no sé por qué no me mata
de una vez. por qué no se apiada
y me quiebra la espina,
me abre la venas, la garganta
y me saca el ritmo
que, terco
terco
no para.
2.10.15
Agnus Dei

la altura de las expectativas
alcanzan para medir,
cuan largo nos queda
el miedo.
3.7.15
17.2.15
MAMA*
Lo
terrorífico de una mamá es el carácter absoluto que en nuestra cultura encarna
el término. Es la cultura, y sólo ella- la cultura y la necesidad que nos
impone su buena forma, de que todo sea, al menos, suficientemente explicable-,
lo que hace que podamos vestir el horror con un traje de dulzura, comprensión y
buenos cuidados. De allí que aparezca lo que luego conceptualizamos como lo
ominoso, cuando la máscara y las ropas se corren solo un poco, fugazmente.
La madre es
eterna. Hasta el día que se muera seguirá siendo nuestra madre, y después de
muerta también (para bien o para mal). Hay algo en la trascendentalidad de su
título que la condena a un lazo indestructible con sus hijos, lazo que sea de
amor, rechazo o incluso el mayor de los desprecios, seguirá ahí por siempre.
Esto es lo que se traduce en algo del orden del destino, y lo que genera el
tema recurrente de las almas en pena al estilo de la llorona. No es contingente que las cosas que más atemoricen a
las subjetividades occidentales modernas sean, las almas en pena, los niños y
los espejos.
No
considero que sean azarosas las representaciones que en nuestra cultura
traduzcan los fantasmas más arcaicos sobre la madre. El terror que generan en
cada uno de nosotros cuando nos enfrentamos a la omnipotencia, la absoluta y
dentada boca. Que luego se retraducen en las mujeres enfrentadas al deseo de
maternidad de diversas formas, en un contexto- nuestro contexto cultural
moderno- donde las significaciones de la devoción y la función natural a duras penas
se sostienen en pie, cuando no son destruidas por las múltiples contradicciones
de la vida cotidiana.
El
mismísimo género terror, tan popular desde siempre, encuentra sus temáticas más
efectivas para lo inenarrable de esos
primeros tiempos donde ese Otro absoluto traduce cada movimiento de nuestra
carne, hilvanando con aguja e hilo cada parte hasta configurarnos un cuerpo. Como
si de una muñeca de trapo descuajeringada se tratara, nos une los pedazos con
las hebras de sus palabras, y su propia masa informe reprimida (y no tanto); hasta
que cobramos vida como humanos. Como si de un Pinocho húmedo y supurante
deviniéramos mágicamente en un bebé. Porque a diferencia de Pinocho, nosotros,
antes de convertirnos en niños, somos una masa informe de carne y líquidos...
Lejos estamos de ser limpia y pulida madera.
No por nada
las alegorías fantasmagóricas más efectivas en las películas de terror tengan
la representación de masas pútridas, supurantes; sean formas orgánicas en sus
colores, sus texturas, sus sonidos. Que sean los ojos sin ojos, las bocas sin
boca, en cuerpos destartalados y autómatas lo que más atemorice. Es la mejor
metonimia para eso que irrumpe y atraviesa taponando (si tenemos suerte) al
mismo tiempo con alguna otra cosa.
Las madres
nos atan al horror desde las dos puntas de la humanidad, lo más singular
(aquello que nos corrompe para humanizarnos y traducir la energía en modulación
deseante) y aquello que nos preexiste y genera el espacio al que advendremos
como seres humanos (que se impone asignándonos un lugar histórico al que
responderemos más o menos a la letra)
pagando el precio que nos toque en suerte por asumir una posición allí.
La Plata, 3° domingo de octubre de 2013.
_______________________________________________________
27.1.15
La soga que ata al Nombre*
A los quince días de nacer
Manuel, sus padres Laura Vázquez y Gonzalo Bernal fueron al Registro Civil de
City Bell, para anotarlo con ambos apellidos, pero primero el de la madre. Les
negaron el pedido y debieron elevar una nota a la Dirección del Registro
Provincial con la solicitud para que les permitan hacerlo, que también fue
denegada.
Finalmente,
el lunes 10 de junio de 2013, cinco meses y medio después, el Registro
Provincial de las Personas, en un acto público, realizó la inscripción de
Manuel Vázquez Bernal. El jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez, anunció
que el Registro provincial de las Personas realizó la primera inscripción de un
bebé con doble apellido, anteponiendo el de la madre al apellido del padre.
Por poco que uno
investigue, la construcción de la subjetividad individual y grupal, es en el
contexto histórico, social, económico y político. Por tanto es importante poder
analizar también cómo se pone en juego la cultura represora en la constitución
del psiquismo del sujeto. Entendiendo que ésta forma (la cultura represora), es
la que caracteriza a las sociedades capitalistas del momento.
La cuestión del Nombre, la
propiedad, la familia… los Títulos, en resumidas cuentas, son cosas que
atraviesan tanto nuestra identidad histórica (de género) como singular: en
nuestros diversos roles sociales “privados” y “públicos” consistió en enfatizar
el derecho a la identidad del niño, por sobre el motivo por el que los padres
toman esta decisión y deciden llevarla hasta el final. En palabras de Laura: “Queremos ser coherentes con nuestra
pretensión de criar y educar al niño con los valores de la libertad, la
igualdad, la justicia y los derechos humanos, empezando por alterar un orden de
apellidos que nos resulta discriminatorio”.
La
soga de la que no se
habla, no son los cinco meses de privación de identidad que sufrió Manuel, sino
el tema de género que desbordó a los trolls
de la web, y revolvió silenciosamente a los representantes del Gobierno de los Derechos Humanos. La
invisibilización de lo central (la cuestión de género[1],
tanto por parte de los detractores como de los funcionarios públicos que
montaron un acto para la garantía de derechos… cinco meses después) y el desvío
hacia lo periférico de la situación (valoraciones morales sobre los padres, la
privación del derecho a la identidad, la resolución del Estado en favor del
pedido sin llegar a instancia judicial, como temas de los que el muerto sí
tiene permitido hablar).
Es necesario recordar la
articulación existente entre la determinación de lo femenino y la cultura
patriarcal. También es importante detenerse en el punto en donde, a raíz de la
decisión de esta pareja sobre el nombre de su hijo, emerge la denuncia a la
falta de cumplimiento del mandato de lo que un varón debe ser y hacer… y
finalmente transmitir a sus vástagos, porque esto permitiría visibilizar mejor
lo que hace al tema de la discusión. Identidades e instituciones (formas
culturales específicas) nunca pueden pensarse por separado.
La familia como
institución es regulada por el parentesco. “Lo fundante” es aquello esencial de
una institución, sin lo cual dicha institución no es tal; y que como fundante,
es ideológico y político. Es el parentesco, de una forma u otra el que nos otorga
un Nombre. Qué es lo fundante del nombre: que designe a alguien de modo que no
se confunda con otros y que al mismo tiempo permita ubicarse en una
temporalidad susceptible de historización, que le permita constituir una
identidad (lo sepa el sujeto o no: decantado de la lucha de clases).
El orden en que pueden
establecerse los apellidos responde a convencionalidades. Existen en otros
países disposiciones legales diferentes a lo que conocemos… e incluso al
interior de nuestra propia legislación nos muestra contradictorias variantes:
lo concerniente a la Ley de Familia en relación a las parejas homosexuales.
La cultura es reaccionaria
cuando solo le da lugar a una forma de lo fundante… y su expresión, en nuestro
caso, aparece en los calificativos violentos como “reacción teórica negativa”[2]
a lo nuevo y a quienes lo llevan adelante: “es
una feminista”, “si la Vázquez te
clava los dientes, fuiste”, “es
un pollerudo”, “sumiso”, “va a terminar como ‘conchita’ Barreda”.
El mandato al varón no es que decida él el nombre de sus vástagos. El mandato (que
lo antecede y del que no puede decidir nada) es que es su nombre, y ningún
otro, el que designará a sus hijos.
“La sociedad capitalista
se sostiene en las masas artificiales que Freud describiera: la Iglesia y el Ejército.
Y podríamos agregar el Estado, la Universidad, la familia patriarcal. Ser uno
con el todo. Ser uno (el sujeto) con el todo (el superyó)”[3].
Lo que se le demanda a Laura y a Gonzalo es que se sometan. Y sobre todo a
Laura; porque a Gonzalo lo que se le demanda es subordinación al rol del
subordinador… y como no cumple es un pollerudo.
La cultura de la represión lo que exige es domesticación. Es la crueldad
superyoica la que busca lograr el desprecio, dolor y sometimiento del otro; en
este caso racionalizada como una forma encubridora del amor: “cómo van a dejar invisibilizado a ese padre
detrás de un apellido materno… y si se separan, cómo hará ese pobre hombre para
acreditar potestad del niño”… por ejemplo.
El modo yoico donde auto
conservación, amor y placer están unidos (los motivos por los cuales los padres
de Manuel deciden el orden de los apellidos) anula la operación superyoica de
desalojo violento del deseo por amenaza de castración. En todo caso podemos
pensar que al menos por un momento el Ideal del yo de esta pareja se une a su
yo convirtiéndose en Yo ideal, burlando los mandatos represores. Ideal del yo
que les dice debe haber una igualdad de géneros y los moviliza hacia ello.
La cultura represora, en
sus portavoces, hace de la insatisfacción un mandato: “para qué quieren cambiar el nombre”. Se tiene en mente que no
habría mayores consecuencias, pero de todos modos se busca sostener la
insatisfacción.
Lo que es interesante es
que para que se diera este cambio de forma abalada por el Estado, fue necesaria
la revisión y la interpretación del
marco legal existente en lo que respecta a la Ley de Familia y las premisas
básicas de la Constitución Nacional[4].
El apellido no deja de estar encarnado en el género para los casos de familias
heterosexuales, la cultura allí no concibe ni remoción ni intercambio. La
familia patriarcal aquí se nos presenta claramente como un instituido
burocratizado que organiza el devenir de los deseos, a como dé lugar.
Si entendemos la
subjetividad como el decantado identificatorio de la lucha de clases: el
combate del que la teoría nos habla sobre la clase de los deseos y la clase de
las amenazas, con sus batallas perdidas y ganadas. Podemos entender cómo los
avatares de esta familia en relación al Nombre (que no ahorca pero ata).
Como planteara Grande, todo proyecto revolucionario debe
implicar que quienes lo lleven adelante sean dueños de sus palabras y esclavos de sus silencios. Con esto es
importante entender que en realidad la palabra (el Nombre), en su vertiente
fundante, fue ubicada en el nivel deseante de la subjetividad. Laura y Gonzalo
invisten desde el Ello (donde se cocinan los deseos fundantes de la humanidad)
el nombre de su hijo, como decantado del deseo parental, necesidad de que esa
verdad sea plasmada libremente. Porque el silencio nunca es salud; el silencio
- de que la madre también es propiedad del hombre, y que solo es el medio de
reproducción del capital- que esclaviza promueve la imposibilidad de revisiones
en los marcos legales hegemónicos. Condena a privaciones. Sostiene trampas: es garante
de super yo (nunca del Ello) con ausencia o exceso de palabras. Y como la
sociedad represora sostiene el Complejo de Edipo “amplificado” (el
histórico-social), prohibiendo todo aquello cuyo único fundamento sea el deseo;
utiliza como estructura anticipatoria el Edipo libidinal: la familia patriarcal,
generando el tabú del deseo mismo. Es el deseo el que se vuelve incestuoso a
partir de su prohibición misma por medio de la amenaza de castración, tensión
entre el Yo y el Superyó.
Laura
y Gonzalo con su decisión nos demuestran que gozan de una buena dosis de
ternura primaria. Cuidan a Manuel y promueven en él a posibilidad de una
subjetividad libre de reduccionismos a un Yo que no sea nada más que eso.
Burlan de alguna forma (nunca gratuita) la imagen incólume del Pesebre mítico
de la familia patriarcal moderna judeo-cristiana. Abren una brecha por donde se
escurre el deseo en una descarga que garantiza el movimiento, porque no es la
falta, nunca puede ser la falta, lo que nos permita evitar la descarga a cero.
* Cita
al artículo “La soga en la casa del ahorcado” (2002).
El presente artículo está basado en el trabajo final del Seminario de Psicoanálisis Implicado, realizado en el 2013 en la Facultad de Psicología de la UNLP; a cargo del Dr. Alfredo Carlos Grande. Autoras Pallero, Dulce María; Crha, Marcela; Mainero, Mirta.
[1] Los mitos sociales logran su eficacia en el
disciplinamiento social y en la legitimación y el orden de las instituciones
que involucran. Funciona así por repetición de sus discursos sosteniendo una
misma trama argumental con pequeñas variaciones, creando una eficacia que es
violencia simbólica ya que no da lugar a las diferencias de sentido y
posicionamientos subjetivos de los actores sociales, violentando lo diverso y
lo singular con la ayuda de discursos científicos, políticos, religiosos,
jurídicos, de medios de comunicación social, etcétera, que producen y
reproducen los argumentos que los instituyen y estipulan, por ejemplo: qué es
ser una mujer o qué es ser un hombre. Así sancionan directa o indirectamente
cualquier práctica, pensamiento o sentimiento que transgreda o cuestione sus
verdades. - Fernández, A. M. "La Mujer de la
Ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres" (pág. 246).
[2] Se
entiende por reacción teórica negativa
a todo rechazo absoluto, que por tal, impida la construcción de una episteme
alternativa a la hegemónica. Dicha imposibilidad de aceptar la existencia de
algo diferente es estructural a las lógicas del pensamiento que sostiene la
cultura represora. Este concepto Grande lo acuña para explicar cómo funciona a
nivel de la construcción y validación del conocimiento el mecanismo análogo al
que Freud describiera al interior del tratamiento psicoanalítico: la reacción terapéutica negativa, uno
de los avatares que a diferencia de la resistencia, coarta toda posibilidad de
elaboración psíquica.
[3] Introducción penetrante, en Del Diván al
Piquete. Alfredo Grande.
[4] En Argentina la Ley del Nombre (18.248) señala en los artículos 4 y 5
que el niño debe tener el apellido del padre, que el doble apellido es optativo
y que el orden es primero el del padre y luego el de la madre. Con la sanción
de la Ley del Matrimonio Igualitario, se modificó el Art. 4 de la Ley del
Nombre para incluir a parejas de padres o madres del mismo sexo, para las que
el orden es optativo. De este modo los progenitores homosexuales pueden
inscribir a sus hijos con cualquiera de sus apellidos o los dos, optando por el
orden. Y si no hay acuerdo los mismos se ordenarán alfabéticamente. “Lo que la Provincia de Buenos Aires
interpreta en este caso es que también los padres heterosexuales tienen la
libertad de elegir el orden de los apellidos”, explica Álvarez Echagüe,
“teniendo como argumento el Art. 16 de la Constitución Nacional que dice que
‘todos los habitantes son iguales ante la ley’ y en el Principio de
Razonabilidad (Art. 28) que limita a las leyes a no alterar las garantías y
derechos reconocidos por nuestra Constitución”. - 10-06-201. 16:08
hs. | Gacetilla. Ministerio de Jefatura de Gabinete de Ministros, Provincia de
Buenos Aires.
_____________________________
BIBLIOGRAFÍA
FERNANDEZ, A. M. "La
Mujer de la Ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres".
Editorial Paidos. Año 1993.
GRANDE, A. C. Introducción y Capítulo 1,
de El Edipo después del Edipo. Del Psicoanálisis Aplicado al Psicoanálisis
Implicado. Ed. Topia. Bs. As. 1996.
La soga en la casa del ahorcado, en Psicoanálisis
Implicado. La marca social en la clínica actual. Editorial Topia. Buenos Aires,
2002.
Amaré tu sangre, en Psicoanálisis Implicado. La marca social
en la clínica actual. Editorial Topia. Buenos Aires, 2002.
Glosario de Psicoanálisis Implicado, en Psicoanálisis
Implicado. La marca social en la clínica actual. Editorial Topia. Buenos Aires,
2002.
Introducción
penetrante, en Psicoanálisis Implicado 3. Del diván al piquete. Editorial
Topia. Buenos Aires, 2004.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









