21.8.16

Un pez entre los pájaros


Cincuenta metros de fondo, el ancho no podría precisarlo, papá no hacía énfasis en esa dimensión. Rodillas paspadas, parada en medio con los brazos en jarra, enseñándole la espalda a la vida, con el semblante grave mirando al paredón final de mi casa de Javiera Sosa.
Mis inclinaciones por la observación de la fauna animal, en complemento armonioso con una extrema piedad por las bestias me llevaron a descubrir por mí misma, cuestiones específicas, biológicas y comportamentales de los gorriones argentinos. Plaga nacional, seres de una nobleza increíble. Por esos años, mi amor por estos pajaritos era muy grande, los estudios etológicos más extensos y sistemáticos fueron dedicados a ellos.
En esa posición -brazos en jarra, de espaldas a la vida-, en la que a veces aún me encuentro llegando a La Única Solución Posible, fue que en la que en aquel momento concluí que era necesario implementar un plan urbano para las crías de gorriones que prematuramente caían del nido, y no podían ser salvadas por la pericia de la intervención científica y devueltas felizmente a la vida salvaje del Barrio Docente.
Así es que se gestó el cementerio que funcionó por años en el patio. Los cadáveres eran respetuosamente sepultados; y marcadas sus tumbas con lajas que encontraban rotas por el barrio. Con el tiempo se decidió que ese lugar debía cumplir con algún propósito que llevara a contribuir en la acumulación del conocimiento científico (al menos el mío).
Fue así que un sector de la Necrópolis fue destinado a la Anatomía. Enterrábamos algunos cadáveres por unos días, y luego los exhumábamos para realizar una autopsia en la que serían extraídos el corazón y los gusanos que se alimentaran de los restos del pajarito.
Como éramos chicas, mis hermanas y yo, las operaciones eran verdaderamente rudimentarias. Por barbijos usábamos las camisetas manga larga de algodón que mamá nos obligaba a usar hasta muy entrada la primavera. Y como instrumentos quirúrgicos ramas de árboles. Guardábamos así, prolijamente en unos frascos rebosantes en alcohol fino órganos y organismos que de los cadáveres extraíamos.
(Por algún motivo recolectar y conservar comenzó a convertirse en una afición, y la mejor manera de comprender -o calmar- el complejo y caótico mundo).

De aquella época lo que más recuerdo de todo, es el gris del paredón del fondo de mi patio, si. El revoque grueso y las lajas del cementerio... Mi geografía infantil se caracterizaba por coordenadas medianeras. Todos los niños de allí, éramos animales de bici y paredones. Generalmente no se entraba por la puerta de la reja a las casas de los vecinos. Se optaba por caminar haciendo equilibro por los dos metros de altura que limitaban los dúplex del pequeño barrio. Era una decisión táctica, ya que se hacía un uso racional del tiempo y las energías. Además de tener absoluto control panóptico de toda la cuadra.
Yo era bastante mala en ese aspecto. Toda mi vida me acompañó el vértigo… así que mi papel era un tanto más estratégico. Digamos que era la tonta que se quedaba parada en el patio e intentaba impartir órdenes, que eran acatadas en mayor o menor medida, de acuerdo al humor y atención de mi hermana la más mediana que siempre tuvo carisma y la atención de todos sin mucho esfuerzo: todo era natural y fluido en ella. Durante gran parte de mi infancia la envidié por eso.
De todas formas, en lo que no me quedaba atrás era en las campañas que se armaban montados en las bicis. Así fue, y gracias a eso, que salvamos la vida a la gallinita.
En la manzana vecina había un potrero en el que crecían plantas patagónicas salvajemente. Una vez cada seis meses, o quizá no tan a menudo, la municipalidad mandaba maquinas para nivelar el terreno y sacar los yuyos enormes que crecían allí. Lo interesante era que dejaba sobre una de las mitades del lote montañas, que nosotros nos dedicábamos a moldear para que sirvieran de pista de bici cross.
A partir de ese momento comenzaban, tarde o temprano, los conflictos con los chicos del barrio vecino (que estaba después del potrero). Afortunadamente el lote era los suficientemente grande y todos lo suficientemente niños como para que pasara a mayores.
Una de esas tardes, mientras ejercitábamos los talentos en la bici, vi cómo sobre el otro extremo del campito se agrupaban en círculo unos niños más grandes y definitivamente más amenazadores. En el centro del círculo había un ave de gran tamaño y que estaban por rematarla de un toscazo. Esta era una tosca de tamaño importante, un canto rodado de unos veinticuatro centímetros de largo, por diez u once de ancho.
Yo tenía una bici rodado veintiséis gris jaspeada, muy pesada y en un instante de coraje inconciente me lancé a la carrera contra el grupo de pendejos al grito dejen a ese animal en paz. Entre el griterío infantil y la confusión de los potenciales asesinos, logramos que perdieran interés en aquella empresa. Digo logramos, porque en el momento en que el enfrentamiento era inminente, encontré montada en su bici y a mi lado a mi hermana la más menor, cuyo amor por las bestias fue mucho mayor al profesado por la humanidad durante toda su vida.
El resultado de toda esa polvareda y corrida fue el triste cuadro de una gaviota gris, de tamaño mediano, con su cola casi arrancada por unos niños ferales. Mientras examinaba superficialmente al bicho, mi hermana iba a casa corriendo a conseguir una caja-camilla donde transportar a la gallinita (bautizada desde el primer momento en que nos referimos a ella). Fue así que el periodo de recuperación de aquella ave salvaje se dio lugar en el patio de casa, a costa de mucho trabajo y los nervios de mi perro León, que quedaron destrozados por los celos y la violencia de la gaviota.

También por esa época en la escuela la maestra había armado un acuario gigante y bastante estúpido, de trágicas carpas naranjas. Seres largos y sin encanto que se aglutinaban a razón de treinta existencias, en una pecera donada por el papá vidriero de un compañero que estaba enamorado de mí pero que no me gustaba ni un poco.
Del resultado de esa experiencia educativa que duró todo un año lectivo y en la que la señorita quería enseñar la responsabilidad del cuidado de otra vida; fue que terminé adoptando, en base al más riguroso azar, al pez que se llamaría Rogelio.
Mi nueva mascota fue alojada en la fuente que mamá usaba para hacer lasagna, la cual cedió como única respuesta sobre la decisión que la maestra había tomado sobre la planificación familiar. Sobre la mesada de la pequeña cocina de mi casa, Rogelio, fue instalado como icono de la crueldad materna. Nunca entendí cómo convivir con la inquietud que me generaba esa situación: mi pez, alojado en otra cosa distinta a una pecera. Era una obra de arte que condensaba toda la maldad del mundo.
Rogelio, a pesar de su condición de carpa ordinaria, supo marcar una particularidad: desarrolló una gran personalidad suicida. Fue así que niña y pez nos dimos a coordinar una compleja rutina en la que éste se arrojaba al vacío aterrizando en los rojos azulejos de la cocina; y yo, agudizando mi astigmática visión, acudía a rescatarlo. Fueron innumerables las resucitaciones a la carpa suicida bajo el chorro de la canilla. Esa relación era confusa y estrecha, y fue sostenida con una terquedad incansable.
Pero Rogelio era un pez, y eventualmente cumplió su cometido. Terminó por quitarse la vida definitivamente durante la fiesta de cumpleaños de mi hermana la más menor, alguna tarde de octubre del año 1994. Cuando volvimos a la casa, mis padres lo encontraron sin vida sobre la bacha, donde su cuerpo contrastaba notablemente en aquella superficie.
Ese día reconocí a la muerte. Recuerdo que enterré al pez junto a los pájaros mientras me ahogaba con mis propias lágrimas y mocos. Le hice una lapida gigante con una laja muy linda que estaba guardando para una ocasión importante. Todavía permanece vivida en mí memoria la tempera blanca con la que escribí el epitafio: ROGELIO PALLERO 1994-1995.
Durante muchos años creí que aquel animalito había estado poseído por el espíritu de Kurt Cobain. Así fue como mitigue mi dolor y di respuesta al comportamiento bizarro de aquella carpa. Construí, de esa manera, la primera leyenda de mi historia... Aunque ahora, lo único notable para mí de toda la historia en verdad sea que a mis ocho años escuchara Nirvana.

29.5.16

final


tender un puente,
como quien tiende la cama
o la ropa en la cuerda al sol

y aún así
tener que cruzarlo

sola.

27.5.16

3 de Junio #NiUnaMenos


No tiene nada de lindo ser mujer en este mundo. La violencia patriarcal nos fagocita desde el minuto cero. No somos exageradas cuando decimos que se nos hace mierda en microdosis en el caso de las más afortunadas. No estamos hablando pelotudeces. Porque el problema es ese, no se nos permite hablar. O si se nos deja es por breves instantes, y enseguida se nos pide silencio, o se sospecha sobre la relevancia de nuestro discurso, o se lo degrada... o nos vienen a explicar las cosas (porque seguro-seguro no las sabemos, o no las entendimos bien).
A mi por suerte jamás un hombre me puso una mano encima... no sin mi consentimiento. No sé lo que es que te golpeen o te amenacen con herirte a vos o a tus seres queridos; o que tu vida corra riesgo cierto.Sí me tuve que fumar otras violencias varias: psicológicas y económicas sobre todo. Pero soy afortunada, soy una de esas que puede autonominarse afortunada.
Como no tengo hijos no sufrí violencia obstétrica propiamente dicha, pero sí fui duramente castigada (de modos muy sutiles) por profesionales de la salud cuando decidí sobre mi cuerpo, y por la sociedad y el estado que me obligaron a la clandestinidad por considerarme delincuente al ejercer mi derecho de autonomía y salud. A pesar de eso fui y soy una afortunada, porque como mujer de izquierda y feminista siempre me he rodeado de gente piola, y las cosas de mierda se hacen mucho más llevaderas así. Y porque con mis amigas (entre otro montón de cosas) sabemos reirnos de las personas que nos miran con pena e intentan consolarnos por treintañeras sin hijos ni esposo que nos mantenga. Y porque los varones con los que me relaciono me quieren y respetan profundamente.
Sin embargo les puedo decir que he tenido que deformar mi carácter para los ámbitos laborales, para que no me pasen por encima por ser mujer... porque ya bastante sospechosa soy porque no ando pidiéndole favores a nadie, o adulando a personas importantes. Bastante sospechosa soy porque tengo una opinión y conocimientos formados por mi misma, y porque no soy timorata, ni apocada, ni pusilánime, o casquivana, etcétera. Puedo decir que en 31 años nadie jamás se animó a sugerir en mi presencia que yo conseguí algo de lo que tengo acostándome con algún jefx... Sospecho que esto es así a costa de mostrar una versión agresiva y masculinizada de mi ya "natural" carácter fuerte y asertivo.
Supongo que por este mismo motivo nunca me violaron, ni abusaron sexualmente de mí. Del mismo modo nadie "me faltó el respeto" o desautorizó en un ámbito de saber/ poder porque nunca mostré en la esfera pública la llamada "debilidad", ni llantos, ni conmociones... ni siquiera en situaciones donde he visto a más de un "machito" cagarse encima; entonces la sospecha se convierte en temor o algo parecido al respeto. Con los años fui aprendiendo a encontrar algo semejante a un punto intermedio y a mostrar que se puede ser dura y tierna al mismo tiempo. Pero el precio que tuve que pagar fue alto, altísimo.
Por eso digo que no tiene nada de lindo ser mujer en este mundo. La violencia patriarcal nos fagocita desde el minuto cero. No somos exageradas cuando decimos que se nos hace mierda en microdosis en el caso de las más afortunadas. No estamos hablando pelotudeces. Porque el problema es ese, no se nos permite hablar. O si se nos deja es por breves instantes, y enseguida se nos pide silencio, o se sospecha sobre la relevancia de nuestro discurso, o se lo degrada... o nos vienen a explicar las cosas (porque seguro-seguro no las sabemos, o no las entendimos bien).

El 3 de Junio marchemos todes.
#VivasNosQueremos
#NiUnaMenos
#FelicesNosQueremos

28.4.16

Juan



tengo un hombre
enmarañado en la casa oscura
de mi asma

tengo un hombre
con su nombre atado a mis costillas
y no se suelta

tengo un hombre
que me crece en las tibias entrañas
como gesta

tengo un hombre
que no es mío pero igual
se queda

19.4.16

FELICIDADES de Dulce Pallero - PIXEL Editora





Nuevo libro. Primer libro: Felicidades‬, de Pixel Editora.

Conseguí preventas en ‪‎Malisia‬. Distribuidora y Estantería de Libros y Revistas.

Diag. 78 nro. 506, e/6 y 59,  La Plata, Buenos Aires‬.

11.10.15


mi voz es animal peligroso,
hoy le abrí la jaula.
estaba enorme y furioso;
sentí su cuerpo caliente,
oscuro ocuparlo todo.
sentí el peso del sonido
que creciendo no aflojaba.

me llenó los agujeros
de los otros que me duelen.
aplastó los pensamientos que
clavados en mis sienes, mis dedos
no podían apuñalar impotentes.
desde la última vez creció mucho:
ya no le entra mi cuerpo.
si no estuviese tan cansada
tan triste, tan sola,
le tendría mucho miedo:
se tragó todo el aire de mi pecho
y ocupó la habitación toda.

no sé por qué no me mata
de una vez. por qué no se apiada
y me quiebra la espina,
me abre la venas, la garganta
y me saca el ritmo
que, terco
terco

no para.

2.10.15

Agnus Dei



la altura de las expectativas
alcanzan para medir,
cuan largo nos queda

el miedo.

3.7.15

Pange lingua




I respect all my fears,
my own desires


a mutual agreement between
me and myself.

17.2.15

MAMA*




Lo terrorífico de una mamá es el carácter absoluto que en nuestra cultura encarna el término. Es la cultura, y sólo ella- la cultura y la necesidad que nos impone su buena forma, de que todo sea, al menos, suficientemente explicable-, lo que hace que podamos vestir el horror con un traje de dulzura, comprensión y buenos cuidados. De allí que aparezca lo que luego conceptualizamos como lo ominoso, cuando la máscara y las ropas se corren solo un poco, fugazmente.
La madre es eterna. Hasta el día que se muera seguirá siendo nuestra madre, y después de muerta también (para bien o para mal). Hay algo en la trascendentalidad de su título que la condena a un lazo indestructible con sus hijos, lazo que sea de amor, rechazo o incluso el mayor de los desprecios, seguirá ahí por siempre. Esto es lo que se traduce en algo del orden del destino, y lo que genera el tema recurrente de las almas en pena al estilo de la llorona. No es contingente que las cosas que más atemoricen a las subjetividades occidentales modernas sean, las almas en pena, los niños y los espejos.
No considero que sean azarosas las representaciones que en nuestra cultura traduzcan los fantasmas más arcaicos sobre la madre. El terror que generan en cada uno de nosotros cuando nos enfrentamos a la omnipotencia, la absoluta y dentada boca. Que luego se retraducen en las mujeres enfrentadas al deseo de maternidad de diversas formas, en un contexto- nuestro contexto cultural moderno- donde las significaciones de la devoción y la función natural a duras penas se sostienen en pie, cuando no son destruidas por las múltiples contradicciones de la vida cotidiana.
El mismísimo género terror, tan popular desde siempre, encuentra sus temáticas más efectivas  para lo inenarrable de esos primeros tiempos donde ese Otro absoluto traduce cada movimiento de nuestra carne, hilvanando con aguja e hilo cada parte hasta configurarnos un cuerpo. Como si de una muñeca de trapo descuajeringada se tratara, nos une los pedazos con las hebras de sus palabras, y su propia masa informe reprimida (y no tanto); hasta que cobramos vida como humanos. Como si de un Pinocho húmedo y supurante deviniéramos mágicamente en un bebé. Porque a diferencia de Pinocho, nosotros, antes de convertirnos en niños, somos una masa informe de carne y líquidos... Lejos estamos de ser limpia y pulida madera.
No por nada las alegorías fantasmagóricas más efectivas en las películas de terror tengan la representación de masas pútridas, supurantes; sean formas orgánicas en sus colores, sus texturas, sus sonidos. Que sean los ojos sin ojos, las bocas sin boca, en cuerpos destartalados y autómatas lo que más atemorice. Es la mejor metonimia para eso que irrumpe y atraviesa taponando (si tenemos suerte) al mismo tiempo con alguna otra cosa.
Las madres nos atan al horror desde las dos puntas de la humanidad, lo más singular (aquello que nos corrompe para humanizarnos y traducir la energía en modulación deseante) y aquello que nos preexiste y genera el espacio al que advendremos como seres humanos (que se impone asignándonos un lugar histórico al que responderemos más o menos a la letra)  pagando el precio que nos toque en suerte por asumir una posición allí.


La Plata, 3° domingo de octubre de 2013.


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*Nombre de la película de terror hispano-canadiense. Dirigida por Andrés Muschietti (2013). 
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27.1.15

La soga que ata al Nombre*

 
A los quince días de nacer Manuel, sus padres Laura Vázquez y Gonzalo Bernal fueron al Registro Civil de City Bell, para anotarlo con ambos apellidos, pero primero el de la madre. Les negaron el pedido y debieron elevar una nota a la Dirección del Registro Provincial con la solicitud para que les permitan hacerlo, que también fue denegada.
            Finalmente, el lunes 10 de junio de 2013, cinco meses y medio después, el Registro Provincial de las Personas, en un acto público, realizó la inscripción de Manuel Vázquez Bernal. El jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez, anunció que el Registro provincial de las Personas realizó la primera inscripción de un bebé con doble apellido, anteponiendo el de la madre al apellido del padre.

Por poco que uno investigue, la construcción de la subjetividad individual y grupal, es en el contexto histórico, social, económico y político. Por tanto es importante poder analizar también cómo se pone en juego la cultura represora en la constitución del psiquismo del sujeto. Entendiendo que ésta forma (la cultura represora), es la que caracteriza a las sociedades capitalistas del momento.
La cuestión del Nombre, la propiedad, la familia… los Títulos, en resumidas cuentas, son cosas que atraviesan tanto nuestra identidad histórica (de género) como singular: en nuestros diversos roles sociales “privados” y “públicos” consistió en enfatizar el derecho a la identidad del niño, por sobre el motivo por el que los padres toman esta decisión y deciden llevarla hasta el final. En palabras de Laura: “Queremos ser coherentes con nuestra pretensión de criar y educar al niño con los valores de la libertad, la igualdad, la justicia y los derechos humanos, empezando por alterar un orden de apellidos que nos resulta discriminatorio”.
La soga de la que no se habla, no son los cinco meses de privación de identidad que sufrió Manuel, sino el tema de género que desbordó a los trolls de la web, y revolvió silenciosamente a los representantes del Gobierno de los Derechos Humanos. La invisibilización de lo central (la cuestión de género[1], tanto por parte de los detractores como de los funcionarios públicos que montaron un acto para la garantía de derechos… cinco meses después) y el desvío hacia lo periférico de la situación (valoraciones morales sobre los padres, la privación del derecho a la identidad, la resolución del Estado en favor del pedido sin llegar a instancia judicial, como temas de los que el muerto sí tiene permitido hablar).
Es necesario recordar la articulación existente entre la determinación de lo femenino y la cultura patriarcal. También es importante detenerse en el punto en donde, a raíz de la decisión de esta pareja sobre el nombre de su hijo, emerge la denuncia a la falta de cumplimiento del mandato de lo que un varón debe ser y hacer… y finalmente transmitir a sus vástagos, porque esto permitiría visibilizar mejor lo que hace al tema de la discusión. Identidades e instituciones (formas culturales específicas) nunca pueden pensarse por separado.
La familia como institución es regulada por el parentesco. “Lo fundante” es aquello esencial de una institución, sin lo cual dicha institución no es tal; y que como fundante, es ideológico y político. Es el parentesco, de una forma u otra el que nos otorga un Nombre. Qué es lo fundante del nombre: que designe a alguien de modo que no se confunda con otros y que al mismo tiempo permita ubicarse en una temporalidad susceptible de historización, que le permita constituir una identidad (lo sepa el sujeto o no: decantado de la lucha de clases).
El orden en que pueden establecerse los apellidos responde a convencionalidades. Existen en otros países disposiciones legales diferentes a lo que conocemos… e incluso al interior de nuestra propia legislación nos muestra contradictorias variantes: lo concerniente a la Ley de Familia en relación a las parejas homosexuales.
La cultura es reaccionaria cuando solo le da lugar a una forma de lo fundante… y su expresión, en nuestro caso, aparece en los calificativos violentos como “reacción teórica negativa”[2] a lo nuevo y a quienes lo llevan adelante: “es una feminista”, “si la Vázquez te clava los dientes, fuiste, “es un pollerudo”, “sumiso”, “va a terminar como ‘conchita’ Barreda”. El mandato al varón no es que decida él el nombre de sus vástagos. El mandato (que lo antecede y del que no puede decidir nada) es que es su nombre, y ningún otro, el que designará a sus hijos.
“La sociedad capitalista se sostiene en las masas artificiales que Freud describiera: la Iglesia y el Ejército. Y podríamos agregar el Estado, la Universidad, la familia patriarcal. Ser uno con el todo. Ser uno (el sujeto) con el todo (el superyó)”[3]. Lo que se le demanda a Laura y a Gonzalo es que se sometan. Y sobre todo a Laura; porque a Gonzalo lo que se le demanda es subordinación al rol del subordinador… y como no cumple es un pollerudo. La cultura de la represión lo que exige es domesticación. Es la crueldad superyoica la que busca lograr el desprecio, dolor y sometimiento del otro; en este caso racionalizada como una forma encubridora del amor: “cómo van a dejar invisibilizado a ese padre detrás de un apellido materno… y si se separan, cómo hará ese pobre hombre para acreditar potestad del niño”… por ejemplo.
El modo yoico donde auto conservación, amor y placer están unidos (los motivos por los cuales los padres de Manuel deciden el orden de los apellidos) anula la operación superyoica de desalojo violento del deseo por amenaza de castración. En todo caso podemos pensar que al menos por un momento el Ideal del yo de esta pareja se une a su yo convirtiéndose en Yo ideal, burlando los mandatos represores. Ideal del yo que les dice debe haber una igualdad de géneros y los moviliza hacia ello.
La cultura represora, en sus portavoces, hace de la insatisfacción un mandato: “para qué quieren cambiar el nombre”. Se tiene en mente que no habría mayores consecuencias, pero de todos modos se busca sostener la insatisfacción.
Lo que es interesante es que para que se diera este cambio de forma abalada por el Estado, fue necesaria la revisión y la interpretación del marco legal existente en lo que respecta a la Ley de Familia y las premisas básicas de la Constitución Nacional[4]. El apellido no deja de estar encarnado en el género para los casos de familias heterosexuales, la cultura allí no concibe ni remoción ni intercambio. La familia patriarcal aquí se nos presenta claramente como un instituido burocratizado que organiza el devenir de los deseos, a como dé lugar.
Si entendemos la subjetividad como el decantado identificatorio de la lucha de clases: el combate del que la teoría nos habla sobre la clase de los deseos y la clase de las amenazas, con sus batallas perdidas y ganadas. Podemos entender cómo los avatares de esta familia en relación al Nombre (que no ahorca pero ata).
            Como planteara Grande, todo proyecto revolucionario debe implicar que quienes lo lleven adelante sean dueños de sus palabras y esclavos de sus silencios. Con esto es importante entender que en realidad la palabra (el Nombre), en su vertiente fundante, fue ubicada en el nivel deseante de la subjetividad. Laura y Gonzalo invisten desde el Ello (donde se cocinan los deseos fundantes de la humanidad) el nombre de su hijo, como decantado del deseo parental, necesidad de que esa verdad sea plasmada libremente. Porque el silencio nunca es salud; el silencio - de que la madre también es propiedad del hombre, y que solo es el medio de reproducción del capital- que esclaviza promueve la imposibilidad de revisiones en los marcos legales hegemónicos. Condena a privaciones. Sostiene trampas: es garante de super yo (nunca del Ello) con ausencia o exceso de palabras. Y como la sociedad represora sostiene el Complejo de Edipo “amplificado” (el histórico-social), prohibiendo todo aquello cuyo único fundamento sea el deseo; utiliza como estructura anticipatoria el Edipo libidinal: la familia patriarcal, generando el tabú del deseo mismo. Es el deseo el que se vuelve incestuoso a partir de su prohibición misma por medio de la amenaza de castración, tensión entre el Yo y el Superyó.
            Laura y Gonzalo con su decisión nos demuestran que gozan de una buena dosis de ternura primaria. Cuidan a Manuel y promueven en él a posibilidad de una subjetividad libre de reduccionismos a un Yo que no sea nada más que eso. Burlan de alguna forma (nunca gratuita) la imagen incólume del Pesebre mítico de la familia patriarcal moderna judeo-cristiana. Abren una brecha por donde se escurre el deseo en una descarga que garantiza el movimiento, porque no es la falta, nunca puede ser la falta, lo que nos permita evitar la descarga a cero.


* Cita al artículo “La soga en la casa del ahorcado” (2002).
El presente artículo está basado en el trabajo final del Seminario de Psicoanálisis Implicado, realizado en el 2013 en la Facultad de Psicología de la UNLP; a cargo del Dr. Alfredo Carlos Grande. Autoras Pallero, Dulce María; Crha, Marcela; Mainero, Mirta. 
[1] Los mitos sociales logran su eficacia en el disciplinamiento social y en la legitimación y el orden de las instituciones que involucran. Funciona así por repetición de sus discursos sosteniendo una misma trama argumental con pequeñas variaciones, creando una eficacia que es violencia simbólica ya que no da lugar a las diferencias de sentido y posicionamientos subjetivos de los actores sociales, violentando lo diverso y lo singular con la ayuda de discursos científicos, políticos, religiosos, jurídicos, de medios de comunicación social, etcétera, que producen y reproducen los argumentos que los instituyen y estipulan, por ejemplo: qué es ser una mujer o qué es ser un hombre. Así sancionan directa o indirectamente cualquier práctica, pensamiento o sentimiento que transgreda o cuestione sus verdades. - Fernández, A. M. "La Mujer de la Ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres" (pág. 246).
[2] Se entiende por reacción teórica negativa a todo rechazo absoluto, que por tal, impida la construcción de una episteme alternativa a la hegemónica. Dicha imposibilidad de aceptar la existencia de algo diferente es estructural a las lógicas del pensamiento que sostiene la cultura represora. Este concepto Grande lo acuña para explicar cómo funciona a nivel de la construcción y validación del conocimiento el mecanismo análogo al que Freud describiera al interior del tratamiento psicoanalítico: la reacción terapéutica negativa, uno de los avatares que a diferencia de la resistencia, coarta toda posibilidad de elaboración psíquica.
[3] Introducción penetrante, en Del Diván al Piquete. Alfredo Grande.
[4] En Argentina la Ley del Nombre (18.248) señala en los artículos 4 y 5 que el niño debe tener el apellido del padre, que el doble apellido es optativo y que el orden es primero el del padre y luego el de la madre. Con la sanción de la Ley del Matrimonio Igualitario, se modificó el Art. 4 de la Ley del Nombre para incluir a parejas de padres o madres del mismo sexo, para las que el orden es optativo. De este modo los progenitores homosexuales pueden inscribir a sus hijos con cualquiera de sus apellidos o los dos, optando por el orden. Y si no hay acuerdo los mismos se ordenarán alfabéticamente. “Lo que la Provincia de Buenos Aires interpreta en este caso es que también los padres heterosexuales tienen la libertad de elegir el orden de los apellidos”, explica Álvarez Echagüe, “teniendo como argumento el Art. 16 de la Constitución Nacional que dice que ‘todos los habitantes son iguales ante la ley’ y en el Principio de Razonabilidad (Art. 28) que limita a las leyes a no alterar las garantías y derechos reconocidos por nuestra Constitución”. - 10-06-201. 16:08 hs. | Gacetilla. Ministerio de Jefatura de Gabinete de Ministros, Provincia de Buenos Aires.

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BIBLIOGRAFÍA
FERNANDEZ, A. M.   "La Mujer de la Ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres". Editorial Paidos. Año 1993.
GRANDE, A. C.           Introducción y Capítulo 1, de El Edipo después del Edipo. Del Psicoanálisis Aplicado al Psicoanálisis Implicado. Ed. Topia. Bs. As. 1996.
                                      La soga en la casa del ahorcado, en Psicoanálisis Implicado. La marca social en la clínica actual. Editorial Topia. Buenos Aires, 2002. 
                                     Amaré tu sangre, en Psicoanálisis Implicado. La marca social en la clínica actual. Editorial Topia. Buenos Aires, 2002. 
                                     Glosario de Psicoanálisis Implicado, en Psicoanálisis Implicado. La marca social en la clínica actual. Editorial Topia. Buenos Aires, 2002.
                                     Introducción penetrante, en Psicoanálisis Implicado 3. Del diván al piquete. Editorial Topia. Buenos Aires, 2004.