15.12.13

Derechos y Humanos. Policías revueltas argentinas


La seguridad sigue siendo un tema de la derecha. La izquierda se sostiene terca en emitir prejuicios morales o bien, llamarse al silencio con evasivas.

Hay muchos motivos por lo que deberíamos ponernos a discutir lo que pasó con las policías provinciales por estos días… lo que sigue pasando. Voy a tomar solo dos, ambos que dan cuenta de cuestiones estructurales de lo que considero es el motivo por el que soy de izquierda. Son dos al azar, no pretendo ser exhaustiva. Tampoco quiero que se piense que soy una excepción a la regla de la izquierda. Lo cierto es que esta coyuntura me tomó por sorpresa. Y como a muchos de mis compañeros, me dejó sin mucho que decir, porque me señaló (me recordó), el “impensado”.
Esperé. Me tomé el tiempo para pensar, para leer a otros que vienen laburando el tema desde hace años, que superan ampliamente la retórica vacía de Scioli y Massa y De Narvaez y De la Sota y Binner y Cristina; y por supuesto a la patética vulgarización, a la trágica y peligrosa mala caricaturización de ciertos sectores de la izquierda - partidaria y no- que nos dejan con la imagen del Jefe Gorgori[1] en la cabeza, cada vez que hablan de la ciertamente maldita policía.

El primer punto tiene que ver directamente con la posibilidad de pensarse concretamente construyendo y sosteniendo el poder por parte de la izquierda. No existe algo como una organización que no cuente con su propia seguridad. Un país no es la excepción ciertamente. Es de una puerilidad violenta escotomizar el problema.
La izquierda sabe de lo que hablo cuando digo la palabra “seguridad”. La tradición de izquierda revolucionaria de antes y de ahora, sabe claramente a qué me refiero. Y por supuesto es algo que dista de lo que se concibe como seguridad desde los gobiernos “democráticos” que este sistema representativo supo construir estos 30 años ininterrumpidos de vida… que no es muy diferente a lo que había antes en las épocas de mierda, y antes de esas, y antes de antes de aquellas. Pero que claramente se trata de personas que portan armas para la defensa de la integridad de quienes son parte de algo que merece la pena ser defendido, como sea.
Porque de la boca para afuera la izquierda lejos de la ingenuidad y con claro propósito provocador siempre supo declarar que las revoluciones no se hacen por las buenas; porque los que tienen actualmente el poder no están dispuestos a renunciar a él, y como “en tiempos de paz” tampoco tienen reparos en asesinarnos, menos lo tendrán cuando intentemos tomar lo que nos corresponde. ¡Pero de la lengua para adentro que quilombo se nos arma cuando de la policía hay que hablar! Hasta los países que no cuentan con FF.AA. como Costa Rica, tienen policía… ahora, ciertamente sus polis no se parecen en nada a los nuestros.

El segundo punto está relacionado con el concepto de trabajador (para hablar en términos duros de cierto marxismo) o con el concepto de persona, o de sujeto de derecho (que no significan lo mismo claramente, pero bien vale la aclaración)… y la posibilidad de que las personas puedan llevar adelante un cambio revolucionario a su forma de vivir y pensar la justicia social (para seguir utilizando términos relativamente neutros).
Me acuerdo de ciertas acaloradas discusiones que tenía hace diez años, cuando trataban de explicarme la justificación teleológica del “sujeto revolucionario” encarnado en el obrero de overol y casco. O del problema de la “conciencia-falsa conciencia” de la clase obrera. Todas nociones tanto abstractas como carentes de rigor histórico materialista que requieren.

Nadie niega que el mejor adjetivo calificativo que le cabe a las policías es el de malditas. A la vista de quien no quiera cerrar los ojos está el hecho de que son los responsables de todos los delitos complejos que se dan en el país: el secuestro, tortura, y desaparición de personas; el reclutamiento de jóvenes y niños en situaciones de alta vulnerabilidad para el robo; la trata de personas y la prostitución; el tráfico de drogas y armas… la lista es larga. Los casos muchísimos. Y todo en Democracia, en nuestra amada y cuidada con aterrorizado celo Democracia.
Son los encargados de reprimir a las personas que luchan por sostener su estatuto de persona; que declaran y reclaman ser reconocidos como sujetos de derecho, como ciudadanos; que estiman oportuno reivindicarse como trabajadores… o como quienes fueron privados de ese estatuto.

Yo pregunto cuál es el alcance de declarar que las fuerzas policiales no pertenecen al conjunto de los trabajadores. Y lo pregunto en serio. Cuál es el parámetro por el cual se declara y se afirma que las policías no están integradas por miles de trabajadores. Qué diferencias estructurales existen entre un policía y un trabajador de la salud. No es tramposo, lo digo en serio. Están a cargo de pilares fundamentales de cualquier Estado Nación que se precie de tal. Y ninguno puede abandonar sus funciones públicas, pase lo que pase; hay argumentos de toda clase para sustentar esta premisa que tiene estatuto de mandamiento divino; lo que no hay son revisiones, discusiones, preguntas que apunten a desnaturalizar estos hechos y sus alcances.
La diferencia inmediata y OBVIA entre unos y otros, es la que nos separa en las calles: son los polis lo que nos cagan a balazos (de goma y de los otros), los que nos gasean, los que se meten -aun cuando está estatuido que de ninguna manera corresponde- a nuestros Colegios, Facultades, Hospitales.
¿Alcanza eso para denigrar a quienes conforman las policías a un estatuto sub-humano en lo que a contexto histórico respecta? Porque si en nuestra realidad republicana consideramos que no son trabajadores; y no desoímos el análisis estructural que el materialismo dialéctico nos señala respecto a las fuerzas productivas, sabemos que automáticamente no solo los estamos desclasando, sino que además les estamos privando del acceso a cualquier derecho y por tanto estamos destruyendo eso que tan lindo suena, pero que no deja de ser cierto por más que lo gasten los mismos asesinos de siempre, que es la dignidad humana (que, por supuesto nada tiene que ver con la posibilidad de vender la fuerza de trabajo, claro está).
Creo que es oportuno recordar quiénes son los polis que visten y calzan en la Argentina de hoy. Esos que están en la calle paraditos o patrullando en algún móvil o en las tan simpáticas bicis. De dónde vienen, y por qué se unen a La Fuerza. Vienen de los mismos barrios de donde salen los chorros que ingresan en el sistema penal (y casi nunca al judicial) y porque es una salida laboral segura (del mismo modo que el que se mete en cualquier otro Ministerio de este país). Es una especie de lotería, pero más demacrada. Porque el básico de un poli de calle está muy por debajo de lo que gana un docente. No sé cómo quedó ahora con el aumento, pero no mejoró tanto en lo que a los fines del asalariado importa.
Esos tipos y minas de azul, que sostienen las organizaciones mafiosas más aceitadas de la Argentina: las policías, son los mismos a los que matan a tiros en la calle cuando el arma reglamentaria no anduvo, o los chalecos que compró el Ministerio eran de mala calidad y no cumplieron su función. Los que no pueden hacer otra cosa que acatar órdenes de un superior (sean cuales fueran), porque el régimen bajo el cual se encuentran es uno militar e in-humano. Y si, son los mismos que nos reprimen en las manifestaciones. Los mismos.
¿Es contradictorio? ¡Por supuesto! Estamos hablando de la vida real, de política. De disputa de agendas, de disputa de poder carajo.
¿Se acuerdan cuando León Arslanián quiso centralizar la bonaerense y ponerlas en manos de civiles? Casi todos (y por diversos motivos) nos cagamos de risa del proyecto. Los desconfiados de siempre, porque venía con esa boludez de las películas a querer solucionar a la maldita bonaerense con un escuadrón de “civiles bien”; otros por saber que ni en pedo le iba a durar el apoyo político necesario para desguazar a la maquinaria de matar que tan bien supo hacer crecer el forro de Duhalde.
¿Se acuerdan lo que pasó con esa gente civil que entró a monitorear a los canas de la Provincia? Les inventaron un sub escalafón al último que la policía tenía y los metieron dentro de las fuerzas, bajo el mismo régimen. Los precarizaron de la misma manera. Los atormentaron y denigraron. No tienen derechos. Son rehenes del Ministro y el capanga asignado de turno. Lo mismo que los otros polis. Porque estos también son polis, y a muchos de ellos se les pegaron los mismos modus operandi de sus negados compañeros de azul. Solo que están monitoreando alarmas o atendiendo teléfonos… y por supuesto (y dato no menos relevante) no pasaron por la Vucetich. La mayoría de ellos son universitarios. ¿No es cierto que se va complicando el análisis, no? Resulta que hay algo que se llama gris y que no es un único tono…
Muchas recriminaciones moralistas aparecieron estos últimos días “3000 para educar/ 9000 para reprimir”, chistes con pizza, comentarios que aventuran los motivos desleales de la protesta de los polis de calle haciendo homologaciones con el quilombo que inició todo esto en Córdoba… cuando en realidad no tenemos ni la más remota idea de qué fue lo que pasó, y mucho menos de los motivos que desencadenaron todo esto. Es más fácil la suspicacia que enfrentarse al desconocimiento, al incendio de papeles, de caracterizaciones. Es más fácil el “análisis” lineal, superficial… que enfrentarse a las grandes contradicciones del sistema republicano que supimos conseguir.
Porque seamos claros, la coyuntura cordobesa, y los hechos, distan aún en los trazos más gruesos con lo que pasó en el resto del país… Provincia de Buenos Aires no fue una excepción.

Yo no sé si se tienen que sindicalizar o no; no me considero autorizada para emitir opinión consistente al respecto. Pero ciertamente los reconozco como asalariados pauperizados estatales. Igual de resentidos, igual de denigrados, igual de empobrecidos que todos los demás. Pero con una gran diferencia: ellos portan armas y nosotros no. Es fácil encontrar chivos expiatorios a tener las pelotas/ ovarios de construir poder con las herramientas que se lograron en la lucha de estos años, para cambiar una de las tantas instituciones podridas que el “capitalismo democrático” aprendió a construir. La teleología (sea del signo que sea), siempre están alcance de la mano. Es fácil decir “se tiene que disolver la policía” porque son esencialmente corruptos, asesinos y todo ser humano que porte uniforme es igual de depravado que todos los que sí cometen crímenes gravísimos y de lesa humanidad. Es como decir que todos los médicos y enfermeros y psicólogos y trabajadores sociales que trabajan en manicomios son asesinos, cómplices de una de las instituciones que más delitos contra los derechos humanos ha cometido en la historia del “tratamiento” de la “locura”. Es como decir, muy suelto de cuerpo “se tienen que cerrar todos los manicomios ya”. Es de una irresponsabilidad política y una puerilidad ofensivas. Es el motivo por el que la derecha bien entendida consigue que las mayorías terminen desestimando a la izquierda y concibiéndonos como un grupúsculo de adolescentes pasados de hora, unos payasos sin vergüenza. 

El mundo de la verdadera marginalidad se nos escapa a nosotros, los bien pensantes de la izquierda revolucionaria, del progresismo, del moderado centro, de la conservadora y recalcitrante derecha. Como ya lo dijera Marcola en aquella entrevista que le hicieron en 2007: no tenemos ni la menor idea de lo que está pasando ahí afuera y seguimos haciendo como que nuestras categorías modernas nos alcanzan para discutir ciertas cosas. El mundo de la marginación capitalista nos está comiendo a todos… y hacemos como que no nos damos cuenta. Como que aún tenemos algo bajo control: una fábrica, una asamblea en un hospital o facultad, nuestras propias ideas…



[1] Personaje de Los Simpson.

27.11.13

crecer



la revolución de la boca
para afuera
se hace
de la lengua para

adentro

17.10.13

El problema de la lealtad


Ilustración: Paloma Pallero


Con mayúsculas, con devoción sin miramientos y sea como sea, o donde sea.

No se puede justificar la lealtad. Como tal exige incondicionalidad, como si la realidad fuese inmutable… porque más que metáfora, a la lealtad la sostiene una cruda metonimia. Y no importa de quién se trate. El punto es que de eso no se debe hablar, porque eso es.

Y así es como se defiende lo indefendible y hoy se lo elogia a Cabandie. Pero está bien, porque no cualquiera celebra el Día de la Lealtad. Por tanto bien se entiende de qué va el rito.


Y como dijo mi amigo Folegotto: feliz día de Perón y Evita, de Corach, Menem, Ruckauf, Cámpora, Néstor y Cristina, De Narváez, Estelita, López Rega, Duhalde (los dos), Feinmann (uno solo, el copado), Rucci, Firmenich, Rodriguez Saá (los dos), Aldo Rico (con uno alcanza), Jauretche, Bergoglio, Rodolfo Walsh, Cavallo, Vandor, Scalabrini Ortíz, Bauzá, María Julia, Alberto Kohan, W. Cooke, Bruera, Scioli…

14.10.13

la mejor...



miedo
como la mejor respuesta.
por única, por arbitraria

miedo
como la mejor coraza.
por solida, abrazadora

miedo
como la mejor compañía.
por consistente, por terca

miedo.
porque esta boca sea mía

15.9.13

Queridos Maestros


Hay cosas que uno no sabe cómo tomarlas. Digo: enojarse, cagarse de risa, ignorar una situación. Por eso elijo hablarles a los que sí me importan.

No soy docente, pero me gustaría serlo. Entiendo el espacio educativo como uno de los más importantes para una sociedad. Cualquiera sea.


Humildemente me esfuerzo por no naturalizar "la escuela", ni de forma peyorizada, ni de forma sacralizada. Estudio mucho y trabajo mucho dentro y fuera de ellas para entender un poco mejor todo esto.


El día del maestro ya pasó; el día del maestro es todos los días -a riesgo de que suene frase pelotuda- pero es así. Y este spot emitido por Nación, no tiene que importarles a los docentes. Lo digo como alumna, lo digo como futura colega, lo digo como militante. Les tiene que importar tres carajos, porque es solo agresión mal dirigida.


Haya sido con la peor de las leches, o producto de la profunda ignorancia política y falta de lectura de la realidad social e histórica de nuestro país. No tiene ninguna importancia.


A veces hay que ser literal. Es importante no interpretar a veces, para que la violencia no nos reviente en la cara y acto seguido tengamos que engullirla sin que nadie nos pregunte si tenemos ganas o no de comernos esa mierda otra vez.

Así que Docentes:
- "No sean tan serios": caguense de risa de este gobierno que no los valora, subviertan el orden establecido, enseñenos que la impostura es la única posición políticamente correcta frente a tanto desagravio, tanta violencia.


- "No sean amargos" (ortivas, gatos, caretas): los alumnos no necesitamos que nos prometan que esto va a ser mejor si nos esforzamos y aprendemos más. Digan la verdad, que es lo único que dignifica realmente. Acuerdense de Fannon cuando explicaba que la única manera de cambiar algo es que el oprimido no se identifique al opresor: porque es a ese al que hay que hacer mierda.


- "Sueltense un poco más": no permitan que los burócratas sindicales los caguen con las paritarias NUNCA MÁS. ¡Sueltensé! Salgan todos en malón, rompan todo, convenzan al resto de la sociedad que se suelte también. Ustedes son los que más atención reciben de padres y alumnos (aunque no lo crean, todavía es así, aún en las peores situaciones: por algo son blanco de la violencia social).


- "No se animan a nada": ¿Qué les pasa? ¿Qué están esperando? Vayan por todo, ustedes son los que tienen el poder, ustedes son los que facilitan y generan subjetividades.


- "¡Mas alegría maestros!": nunca olviden la enseñanza de los colectivos de diversidad de géneros, que algo saben de la violencia institucional, de la marginalidad. Hay que ser felices, no hay nada que desoriente y debilite más al enemigo. La felicidad genuina es la herramienta privilegiada para afirmar identidades de lucha.

Nos vemos en las calles.

14.9.13

Maldigo, Liliana


Hay un límite muy claro para el dolor. No es único, cada cual tiene el suyo; perfectamente claro y absoluto.

Se puede cantar como llorando, pero no se puede llorar mientras se canta. El llanto anula al canto, ese límite real quien haya intentado pasarlo, sabrá de lo que hablo: es imposible. Este, para mí, es un disco incantable.

Liliana Herrero eligió interpretar un repertorio muy orgánico. En todo sentido del término. No hay un solo tema de más y no solo eso, sino que está balanceado: en el momento justo en que todo te arrastra hacia el abismo, aparece un espacio donde el corazón puede descansar sin zozobrar. Pero los remansos no mienten con promesas de “final feliz”, ni una sola vez.

Este disco es como esas experiencias oníricas copiosas, abultadas… que si alguna certeza deja desde el comienzo, es que no terminaran cuando uno despierte; confirmando una de las verdades más temidas quizás: que el sueño es parte de la realidad.

Es orgánico entonces por ser programático, estética y políticamente: letra y música son una posición clara y firme; una respuesta a la realidad argentina, profundamente herida de amores, niñeces mutiladas, hambre y falta de reconocimiento de dignidades. Es furiosa la propuesta, pero sabe recopilar la verdad histórica, esa que no necesita indignación ni fucks you para ser mejor escuchada.

También es orgánico porque sale de las mismas entrañas, el fondo básico que solo encuentro (reencuentro) en muy pocos artistas. Y mientras lo escucho por segunda vez, desde el CD en esta oportunidad, solo puedo pensar en Clarice Lispector y “La pasión según G.H.”, en Adriana Varejão con su “Historia desde los márgenes”… o en Pessoa, aunque la racionalidad masculinizante le ate el estilo.

Ese límite donde la voz se rompe y no puede ser más canto, y la palabra ya nada narra, o el sonido deja a la música para ser “cosa” simple, pero nunca “pura”. En ese límite exacto se para Liliana y arma, junto a sus músicos, esta casa de espejos, donde quien se atreva latinoamericano podrá mirarse.

Hay algo de aterrorizante en todo este disco. Y estoy evitando usar adjetivos que rodeen esta idea por no resultar del todo amables en general. Pero lo cierto es que pesadilla es una buena palabra para ilustrar lo que siento, y me gustaría que, al menos por esta vez, dejara de tener su carga negativa habitual. Porque en definitiva: lo monstruoso/ solo es aquello que/ se muestra grandiosamente.

Dulce Ma. Pallero
La Plata, 14 de septiembre de 2013.

2.9.13

declaraciones imperfectas




Prometí no quejarme más (por hoy). Y sé que quizás no cumpla. Pero te amo tanto que quiero ser mejor: entonces prometí. Porque de eso se tratan las promesas… o al menos algunas como esta: desear cumplirlas; y no tanto cometer lo declarado.
Porque si no se anhela ser más querible para el otro - que no es cualquiera-, de qué sirve. No hay que resignarse a conseguir ser un poco más parecida a la belleza de esa risa tuya que rebota como gotitas de agua al sol en los azulejos del patio, cuando hace calor y las ventanas de toda la casa están abiertas… como tus ojos cuando me miran.
Prometí no quejarme más (por hoy) y quizás el tiempo esté a mi favor, y pueda yo cumplir esta promesa… tantas horas no le quedan al día. En una de esas cuando me acueste a tu lado esta noche, esté un poco más bonita que ayer.

25.5.13

"La fiesta de todos", o "Lo Justo de la década"...




Hoy es 25 de mayo y “todo el mundo” habla de “La década ganada”. Digo “todo el mundo” y aclaro. Hablo del mundo para quienes tienen el poder de disputar la agenda política en el país, quienes tienen la manija de los medios de comunicación: la derecha y el kirchnerismo. Porque de la izquierda nadie se anima a hablar. La izquierda debe ser convenientemente invisibilizada, robadas sus banderas e historia… porque el horno no está para bollos, y está todo a punto de volar en mil pedazos: y nadie tiene base militante sólida para bancar la parada. Nadie tiene política para responder a la realidad. Nadie.

“La década ganada” es otra de esas consignas que se sostienen en medio del espanto que nos muestra la realidad que se silencia. Que no tiene que ver con los supuestos escenarios mediáticos de “la corrupción”, la política del odio ciego de “la opo”, “la corpo”, o la abreviatura que esté en boga este mes. “La década ganada” es una forma más de taparle la boca a la historia, de esconder debajo de la alfombra lo que sigue pasando igual o peor que en las infames décadas neoliberales inauguradas por el último golpe cívico-eclesiástico-militar. Y si, siguen pasando las mismas cosas, aunque otras ya no; no hay que ser tramposos, la sinécdoque en política es un gesto de ruindad y vileza…

Pero no quiero desviarme de lo que me convoca hoy. La performance de los intelectuales orgánicos del oficialismo. Reiterantes, firmes reiterantes de la denuncia sobre el avance impiadoso de la narrativa mediática, estas maquinarias de horadar que buscan ávidas los símbolos evidentes, las palabras de ciertos ritos, ingenuos o profundos… para destruir, aniquilar, sitiar, descomponer al kirchnerismo: la única posibilidad de que la política sea un instrumento emancipador. Como si "lo mediatico" fuera un sayo que no les entra. Como si no tuviéramos décadas previas de resistencia popular, elaborando desde la militancia en la vida real instrumentos de lucha para y por la gente…

Es curioso cómo se usan las fechas patrias para intentar reavivar la llama de la pasión. Yo que lo que celebro son las fiestas matrias, la política desde la particularidad que se niega a los universales reduccionistas… con razón no puedo ser peronista, ni de derecha… ni en la próximas mil vidas. Y justo a mí que me revientan tanto, tengo que usarlas de excusa otra vez para recordar a quien quiera leer (y bajarse del caballo blanco de San Martín, y cerrar los paraguas que nunca estuvieron esperando en las puertas de ningún cabildo) que "Lo Justo" de esta década es no tomar la parte por el todo, no otra vez. No podemos ser tan ruines.

Ayer Carta Abierta saco una nueva declaración, y créanme que nos sentamos de a dos a leerla y buscamos con ansiedad algo del orden del contenido político, programático, o aunque menos sea teórico que defienda dignamente la lógica del “mal menor”; y no encontramos más que todas las artimañas harto conocidas para los que padecemos la Academia durante largos años de nuestras vidas. Nada más que retórica recursiva, párrafos larguísimos atestados de adjetivaciones grandilocuentes y dos o tres latiguillos a modo de slogans. ¡Ah! Y un esbozo de tesis; apenas una insinuación de justificación de por qué estar en contra de este gobierno es ser una mierda fascista, derrocadora de la República de Weimar (gente linda… gente docta… gente culta e inteligente… qué tienen que ver los vientos huracanados con la tasa de mortalidad de los chanchos negros… por favor explíquenme. Soy una humilde y muy poco culta trabajadora de la salud y estudiante de Psicología de la UNLP… “el pueblo quiere saber de qué se trata”).

A pesar de todo, me senté igual a leerlos hasta el final, sin saltear párrafos. Nos sentamos igual a buscar una respuesta contundente con la promesa de que antes de terminar la carta la encontraríamos. Porque hay días como ayer, después de tanto despelote mediático, en los que secretamente deseo que el gobierno tenga una política firme de “profundizar el modelo”, deseo íntimamente, sin siquiera decirlo en un murmullo, poder concluir con la conciencia tranquila: hoy es el día en que puedo aportar para un acuerdo táctico, porque van al fondo de la cuestión… Y me encuentro con estos “intelectuales orgánicos” y me dan ganas de llorar.

Es curioso, como funciona esto de la construcción de discursos mediáticos, para la prefabricación de lo que después será la nunca bien querida opinión pública. Yo soy bicho de universidad, vivo como un intelectual, pienso como tal. Estoy acostumbrada a todas las trampas, y recursos de los que los académicos disponen para deslumbrar, aun cuando carecen por completo de argumentos; o cuando (imposibilitados de admitir que su posición es rudimentaria y hasta incluso reaccionaria a los ojos de cualquier bien-pensante) intentan maquillar tras una cortina de humo lo imposible de aceptar.

Yo me pregunto, a quién le hablan. Para qué hablan. Si en definitiva marcan una cancha cada vez más chica y disputan con las mismas lógicas los mismos espacios que quienes señalan como el anti-cristo… La lógica del “mal menor” es muy lábil, y lo saben; a dónde piensan llegar. La proclama en defensa de “Lo Justo” así, planteada en abstracto, cuando hay tantos ejemplos para refutar que en realidad todo lo que está pasando es un límite del modelo (grande como una casa) y no una cuestión coyuntural, no sirve de un carajo… Me recuerda tanto a lo que dicen algunos peronistas simples cuando se quedan sin argumentos: “no se puede conformar a todo el mundo”.

El problema es justamente este. La reducción desmedida de las discusiones. La polarización que genera la cultura maniqueista que alimenta el peronismo bien entendido (desde el Perón “progresista”, hasta el Kirchner redentor del País de los Derechos Humanos). Porque si acorralas a la opinión pública en el callejón sin salida de sus propios traumas sociales es fácil armar un partido y ganar las elecciones (y más si el PJ te presta el aparato). Si todo el tiempo el enemigo es el retorno del despotismo neoliberal, la muerte y la destrucción golpista. Si las cosas son así o no hay más nada, es simple entender qué es lo que hace que estemos como estamos. Que seamos como somos. Que votemos a quien votamos (sea a la derecha o al kirchnerismo).

El problema es que se siguen afanando la historia y las banderas del campo popular. Que sostienen una neorealidad igual de mediatizada que la del grupo Clarín, donde la historia argentina empieza en el 2003. Donde se infla a una "gloriosa juventud" que no es más que un gran globo de aire caliente, que no tiene formación política, que  no genera cuadros. Y donde los que saben que esto es así se hacen bien los boludos, y alimentan la negación maníaca del “amor al prójimo” y la “militancia con alegría”… cuando todos sabemos la de gente que cae todos los días en situaciones mal explicadas o directamente invisibilizadas. Por todos lados.

Yo no festejo el 25 de mayo. Ni esta fecha patria ni ninguna otra. No defiendo pseudo revoluciones, porque los que fundaron este país lejos estaban de concebir algo parecido a la República que me gustaría que fuera Argentina. Patriarcado los ovarios, yo no me olvido de estos más de 500 años. Yo no me olvido del último malón de Bahía Blanca, no me olvido de los hermanos Qom. Yo celebro las fiestas matrias de la lucha y la resistencia. Patriarcados universalistas los ovarios.

29.4.13

BORDA | Subirse al caballo de los Derechos Humanos




     Subirse al caballo de los Derechos Humanos, de la desmanicomialización. Como si fuera cosa de proclamas, cuando en verdad se trata de militancia EN campo. Porque la reforma en salud no se hace cerrando los manicomios, sancionando leyes que no pueden o quieren aplicar. La reforma en Salud (Mental también) se hace formando otro tipo de trabajadores de la salud. Promoviendo en los privados de libertad herramientas para que recuperen su autonomía, su dignidad, su humanidad en resumidas cuentas. Generando espacios donde las comunidades puedan recuperar sus estrategias vinculares y generar otras novedosas que les permitan afrontar las más y mayores violencias de la exclusión impuesta, y torcerles el brazo a los que nos quieren cada vez más pobres y cada vez más esclavos. Sin los agentes en salud apropiados, no hay ley que valga, no hay ley que se llene de contenido, no hay ley que se sostenga: las leyes 448 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Ley Nacional 26657 de Salud Mental, no son la excepción.

     El Borda es un manicomio, sí. Como lo es el de Melchor Romero, donde trabajé por varios años. Se vulneran derechos todos los días, de los internos y de los trabajadores… y se los trata como si mierda fuesen. Se los reduce a entidades depositarias y repositoras de violencia. Quien haya estado por más de una hora en un manicomio sabrá muy bien de lo que hablo, porque es una cosa que se siente muy claro en el cuerpo. Tener memoria y pie firme en un proceso de reforma no es estar en contra de los hospicios. Porque en ellos viven víctimas de este sistema de mierda, que hace que gente como Mauricio Macri y TODOS los legisladores del CABA que votaron la Comuna en el predio del Hospital consideren que se puede entrar con una topadora y milicos a arrasar con todo y con todos.

     Hace poco me dijeron, por toda excusa, que los legisladores oficialistas votaron porque el PRO se había comprometido a “no tocar nada”. Parece un gesto ingenuo a simple vista. No lo es. La responsabilidad existe de todas maneras, el poder Legislativo tiene responsabilidades políticas sobre lo que vota, no puede dejarlo librado a la “buena fe” del Ejecutivo, así no es cómo funcionan las cosas. Cada decisión tiene sus consecuencias y déjense de joder. Son necesarias las explicaciones políticas, los motivos por los que los representantes del pueblo toman decisiones que van en contra de los más vulnerados. Que el oficialismo, de ser así, explique que no votó a favor porque son más importantes las especulaciones inmobiliarias que la integridad de las personas y de las verdaderas razones, sus razones. Ansiosos estamos de escuchar lo que tengan para decir.

     No se puede cerrar o tirar abajo un hospicio cuando las víctimas de esta sociedad de exclusión en la que vivimos (y padecemos con más o menos conciencia de ello) no tienen a dónde ir, ni cómo sostenerse en una comunidad que ni siquiera sabe de sus existencias. Que perdieron su grupo de pertenencia (de crianza y ampliado), que no tienen trabajo, casa… que ni siquiera recuerdan cómo se toma un colectivo, o cuáles son las actividades de la vida diaria que garantizan los autocuidados mínimos para sobrevivir. Un Centro Comunal en lugar de un Taller Protegido, puede sonar muy pro, pero en nuestra coyuntura política y en el contexto general y más programático en lo que a políticas en Salud respecta, es nefasto. En ese lugar trabajan victimas del Estado y personal en salud que intenta (como puede) hacer una diferencia.
     Si queremos cumplir con la Constitución Nacional y con las leyes que se voten bajo sus premisas, primero tenemos que garantizar la protección de las personas que serán sujetos de derecho de las mismas. Todos tenemos responsabilidad política en esto. Los legisladores, con lo que votan. Los formadores, con lo que enseñan y cómo. Los que estamos en formación, con cómo nos tomamos las cosas que estamos aprendiendo. Los medios de comunicación, con lo que informan y cómo lo hacen. La gente en general, con lo que toma y cómo lo toma de los medios, de sus representantes (legisladores y trabajadores de la Salud Pública: que también son funcionarios públicos)… Y los que trabajamos en y con la salud en general sobre todo, porque de nosotros depende en que esta reforma no se quede en una mera PROclama.